martes, 11 de agosto de 2015

UN BESO EN LA FRENTE, ABUELITA



Abuelita, soy tu nieto, el escritor, ese que aún no publica un libro, tu consentido. El mayor de todos, tu consentido, y por eso renegaban mi hermana y mi prima cuando éramos pequeños ¿Recuerdas?  Yo me acuerdo de todo, echada sobre esa cama, haciéndome un espacio para dormir porque yo me aburría en esa casa grande y tú ¿Por qué te aburres? Los niños buenos no se aburren y cambiabas tu novela por lo que el nieto quisiera ver.

Abuelita, tú te metías a la piscina junto con mi abuelito en ese patio donde antes criabas animales y que siempre me contabas orgullosa lo lindo que era criarlos, aunque un poco macabro eso de cocinarlos luego. En ese patio, en esa piscina te metías y jugabas con tus nietos, en esa misma piscina donde un día vería un ratón que ocasionaría mi futura fobia, algo ya calmada con los años y tú pasándome huevo, porque me tenías que curar, quitar el susto pasándome el huevo por la frente, diciendo alguna oración y besándome la frente.

Abuelita, no lo sabes, pero aún tengo miedo. La noche es fría y quisiera verte sentada en la sala, viendo las noticias y confundiéndolas. Tarde me enteré que te encantaban los ravioles o acaso ese fue un gusto reciente, sin embargo sé de un lugar que te encantaría, hasta ponen música de Los Panchos. A ambos nos gusta, quién diría que a mí me iba a dar el gusto por el bolero y los dos cantando Nosotros, pero en la versión de Chavela Vargas Y Joaquín Sabina.

Quiero cantar contigo, ahora que el vacío es más hondo y quisiera que me abraces. Aprovecharía para despeinarte, porque sé que te gustaba que te despeinara y luego me fuera corriendo, me guitarías “cojudo” “espera que te agarre” y ambos reiríamos. Abuelita, si te vas ¿Quién va a celar a mi abuelito?

Siempre me pregunté cómo en ese cuerpo tan pequeño podía caber tanto celo, pero me miro a mí y digo que debe ser una cuestión genética. Ahí estabas tú, mirando tras la ventana y cerrando las cortinas para que nadie vigilara a tu esposo. A veces renegaba por eso, otras ocasiones reía y te bromeaba. Ahora las cortinas están abiertas esperando que las cierres.

Abuelita, aún queda el jardín intacto para que cultivemos nuestras flores ¿No quieres quedarte a ver cómo las sembramos? Que el florecer sea nuestro, abuelita, no te vayas. Engríeme, déjame aún sacarte canas verdes, preocuparte porque llego tarde, enorgullecerte porque ya va a salir mi libro. Abuelita, que soy un egoísta, que te quiero tener por siempre.

¿Cómo prepararme ante esto? Sólo esta noche he vuelto a ser un niño asustado en mi cama y quiero buscarte, que me hagas un espacio y que tu brazo me rodee para protegerme en tu temperatura.

Abuelita, que en unos minutos es mi cumpleaños y quiero saber que entras por esa puerta orgullosa de haber permanecido despierta y ser la primera en saludarme. Yo te voy a estar esperando, como siempre, a que me beses la frente.

lunes, 10 de agosto de 2015

INTRÍNSECAMENTE CENIZA



Aún entre la tierra seca que se confundía conmigo
con mi cuerpo extraño e inhabitable
 tu boca, los cinco, siete, nueve golpes estuvieron conmigo
la soledad es una calle de madrugada, una botella de pisco
y tú no estás, apareciste, es cierto, pero tu presencia era ceremonial
no estás y el hueco es una ola que rompe e inunda casas, destruye jardines
y tu abrazo es lejano, como todas las certidumbres
me has preguntado cómo me siento
toco mi cabeza y aún hay sangre y aún te espero
y siento tu pregunta como una formalidad burocrática
y ganas tengo de mandarte a la mierda
de haberlo hecho antes que esto sucediera
porque no significas nada y sin embargo
quisiera bailar mis dedos entre las ondulaciones de tus cabellos
olerte a ti y a otras mujeres
amar a otra mientras tú amas a otra
echado en mi cama apoyando mi cabeza sobre tus senos
y saber que no significas nada y sin embargo…
tu boca es el último filo que me ha cortado
me asusto, me acuerdo, esos dos sujetos agarrándome a patadas
mi cuerpo no responde con la suficiente velocidad
si hubiera estado sobrio otra sería la historia, pienso
pero no, estuve lento y una piedra
las risas, las mierdas, toma conchatumadre
mi sangre más amplia y derrotada
me levanto con las últimas fuerzas y compruebo algo
nunca sentí la necesidad de un dios
no había a quién acudir
la mañana es la orfandad
con mis últimas fuerzas tomo un taxi
lo demás no me interesa, solo quiero que estés aquí
mientras aún te extraño y me pregunto
¿por qué tan lejana? ¿por qué tan mayúscula y lejana?
Uno no debe querer a nadie, no debe extrañar a nadie
los árboles más tristes me perfilan, el pasto más indiferente
la velocidad de los autos, los dos ladrones huyendo
todo está cerca menos tú
y uno no debe querer a nadie ni extrañar a nadie
y la derrota no es la sangre sino mi sobrevivencia
porque peleé buscando una llave, un silencio
y este sobrevivir es sólo un extensión del dolor
un dolor que emerge de antes
una sombra que multiplica el frío..
Si ya no es el padre, ni la mujer
¿De dónde viene este dolor que crece como un árbol
que me succiona?
Y entre todas esas preguntas tu ausencia se extiende
como mi sangre abandonada
Te confieso: te detesto, te confundo, te extraño…
porque no estás y antes estabas y, demonios, me he acostumbrado
me he acostumbrado más que tú a estar juntos, sin expectativas, pero juntos
no eres nada
es cierto
pero ahora eres lo mejor que tengo
y ya ves
soy más sensible de lo que mi cuerpo aparenta
más frágil que tu cabello…
no eres nada
pero eres música, cangrejo, travesura
pequeña, quizá seas todo y la nada sea yo…
mientras amas a otra, mientras yo amo a otra
y tu sexo es una fruta cerrada
y tu amistad, esa pregunta pública
se va convirtiendo lentamente en muerte prematura
toda la belleza es fuego

y el fuego es intrínsecamente ceniza.

lunes, 24 de diciembre de 2012

DICIEMBRE


Son veinticuatro días los que han pasado, y en esos días he pasado insomnios, he hecho dieta, he roto la dieta y la he vuelto a tomar. Mis amigos han hecho dieta, la han roto y no sé si la han vuelto a tomar.

En diciembre, dicen los diarios, que a la economía le va bien, pero a mí no me alcanza para beber todos los días. En diciembre he bebido bastante, mas no solo. Mis amigos han bebido bastante, pues ahora están solos y beben conmigo, que ya llevo siete años de estar solo.

Que no es lo mismo tener sexo y salir huyendo de la cama. Que no es lo mismo besar a alguien, con sabor a sexo y pisco de clase media. Que no es lo mismo fumar marihuana entre pasajeros que con alguien dispuesto a acompañarte en un viaje sin que te pregunte el rumbo, la dirección, porque es bueno perderse y mojarse.
 Mas lo importante debe aclararse: no bebo solo. Pero sí bebo, libo, me embriago, me pierdo, me transporto, me acuerdo.

Sobre todo me acuerdo y eso no me gusta. Diciembre es una noche siempre a punto de acabar. Diciembre son diecinueve horas sin dormir. Diciembre es ver a mi ex besando a mi amigo en un bar. Diciembre son mis puños en la pared y verlos sangrar. Diciembre es esperar esta madrugada y saber que será diferente, que no la voy a llamar.

En diciembre he corrido una maratón, de cinco kilómetros y con cuarenta y ocho horas sin dormir. En este mes mis amigos me han dicho que he bajado de peso y que el cuento que le escribí a un amigo ha quedado bien. Y la chica a quien hace alusión mi historia también ha dicho que le ha gustado. Y me lo han dicho mientras drogados estábamos, mientras a Pound me leían, mientras a Pessoa recitaban, mientras el vino ya se había acabado.

Pero también me han dicho que esa chica del cuento se parece mucho a mi ex, la que se besó con un amigo al que quiero mucho y con el que beberé quizá más tarde. Me han dicho también que en economía no vamos nada mal, por lo menos a nivel macro. Pero, insisto, no me alcanza para beber todos los días.

Mi estómago tampoco lo resiste. Hay veces que despierto y me arde todo el cuerpo. Hay veces que me acuerdo, pero no lloro. En diciembre quiero más a mis amigos.

En este mes también me he propuesto leer recién el Ulises, pues antes me aterraba no estar a la altura. Así que ahora me he traído el Ulises metros abajo, a mi lado, para leerlo, tenerlo  a mi lado, metros abajo.

En diciembre descubrí que yo quería ser él, el que la besara y no el que escribe esto. En diciembre, en unas horas más tarde, me iré con mis amigos. A beber, a divertirme. Después seguiré con el Ulises. Y quizás y me atreva a enamorarme otra vez.

domingo, 26 de agosto de 2012


LICENCIAS DE UN NOBEL

Hace algunos años, cuando en mí aún residía con fuerza esas ganas de, de todo lo adolescente, fui a un concierto de esos llamados “subterráneos”. El lugar fue en Los Olivos, zona en donde el rock local se había ido desarrollando bastante bien a pesar del (o quizás gracias a ello) silencio de las emisoras. Uno de los grupos que tocaron ahí lanzaba una frase a todo pulmón “la muerte y la tortura no es arte ni cultura”, la danza, el pogo, el sudor. Un círculo humano dando vueltas y golpeándose.

El grupo se llama Psicosis, una banda de Ska-punk que había hecho del tema antitaurino un lema, una bandera que los hacía reconocibles. De aquella banda sólo seguí esa canción y tal vez alguna más que la memoria no ha sabido perdurar. Inclusive aquella canción de la frase antitaurina se me había olvidado por completo, así como los moretones de aquellos conciertos. La canción, “Torero”, poco a poco fue desapareciendo de mi set list , mas no mi sentimiento enraizado de entender a la tauromaquia como un festín de sangre que nos regresa a lo más primitivo de nuestro plúmbeo andar.

“Torero” volvió a mí de la mano de uno de los escritores que más admiro y cuya vida ha significado, y significa aún, un espejo en donde deseo reproducir mi imagen. Mi relación con Vargas Llosa es tormentosa y accidentada, pasando de una crítica desmesurada por sus posturas políticas, hasta la admiración afiebrada por su entrega y aporte a la literatura.

En todo caso mi relación con él siempre ha sido de sorpresas. Por ejemplo, no pensé que fuera una columna publicada por Mario la que me hiciera retroceder años atrás a aquella canción de simples notas y danzas virulentas. No pensé que Mario fuera a darme una lectura desagradable un domingo especialmente dedicado a las buenas mañanas y esmerados jugos de naranja. Porque el Domingo, por ser esencialmente horrible, preludio del lunes,  debe de procurar ser perfecto en sus mínimos detalles. Ello incluye lo antes mencionado, más un almuerzo sin salir de casa, un buen libro, dos películas y algo interesante que leer en el diario. Todo sin salir de casa, obviamente.

La columna de Mario titulada para la ignominia “La “barbarie” taurina”, pretende sin mucho éxito persuadirnos de la naturaleza innoble de este acto. ¿Cómo, querido Mario, justificar que a un animal se le corte a pedazos para satisfacer a unos cuantos imbéciles que sienten placer por la tortura? ¿No serán acaso esos mismos adoradores de la tauromaquia unos Videlas, unos Francos, unos Pinochets, hambrientos de glóbulos rojos que tú tanto criticas?   Además te reclamas a ti y a los que defienden la sangre, que son ustedes los que aman a los toros. Eso me recuerda al amor bíblico de Dios por su pueblo al que tanto ama y somete a pruebas como las de Job o que manda a Abraham a que asesine a su único hijo. Me recuerda al amor de tu padre hacia ti que te mandó al Leoncio Prado para que te hicieras “hombre” y olvidaras eso mariconería de la literatura que tanto amas y has cuidado y mimado entre fuego y lluvia.

¿De qué amor hablamos, Mario? Definitivamente no del que intentaba entender Erich Fromm, no creo que sea un amor de creación como podíamos leer en su Arte de amar, mucho menos de ese amor que llevó a Dante a descender a los mismos infiernos y ascender hasta su Beatrice. Lo dudo y lo dudamos quienes te admiramos por esa defensa de la libertad por sobre todas las cosas, por la condena ante los dictadores y sus crueldades y torturas ante quienes se atrevían a desobedecer, a desacatar.

¿No es un torero lo más parecido a un dictador que ejerce su violencia ante un ser indefenso que no puede elegir? ¿No es un torero alguien que calla con su acero? Yo no me creo tus razones llenas de imágenes y metáforas para justificar lo injustificable. La única excusa que expones es que sin la tauromaquia se acabarían los toros. Estoy seguro de que muchos amantes de los animales podrían refutar fácilmente esa profecía tuya, ofreciendo albergues, que no es nada difícil de conseguir y que existen ya para otros animales que han sido víctimas de la involución de un primate.

¿En qué momento se jodió el toro, Mario? Desde que el hombre pensó que su goce está por sobre todas las cosas, todas las vidas.

viernes, 20 de enero de 2012

DE LA CIUDAD QUE HABITO


Hay algo particular en nuestra ciudad, esa que habitamos, aquella que recibe nuestras fiebres y nuestros óleos jamás pintados. Hay algo en esa Lima de Humareda, ése del rinconcito del Cordano, que nos hace sentir nostalgia por una ciudad, por un tiempo el cual no vivimos.

Nostalgias por las tapadas y las infidelidades de fina estampa. Nostalgias por las turbas en tropel de la avenida Colmena. Inquietudes por lo que esconde el antiguo edificio de la compañía de seguros La Popular, convertido ahora en los pisos y paredes de tacos y hetairas bailarinas. Nostalgias del viejo puente, del río y la alameda.

Quien visite Lima debe enfrentarse a la nostalgia, al golpe bravío de esa espuma que cae del vaso, del cigarrillo y su velo de humo. Quien la visite no debe temerle a sus beodos, porque entre ellos estoy yo e inofensivo me declaro. El que la camine debe alzar la cabeza porque sus balcones se resienten, las palomas dejan de volar y el plúmbeo cielo limeño no se los perdonará. Porque a Lima hay que amarla gris y puta.

A lima se le ama desde el cigarrillo de marihuana en Zepita, hasta el pisco sour del Maury, donde, dicen los entendidos, se originó esta bebida que humedece la vesania. Lima, ciudad que oculta y ofrece. Lima, distinguida señora de maquillaje, veredita y balcón, colilla y confesión. Lima, una deuda y una falda. Lima, la de las nostalgias.

Si ven desorden acá es porque esto es un tributo a toda ella, su desorden, su caos, su agotar descalzo y desamparado. Todo esto es un tributo y una ofensa. Un decir, un testimonio, una palabra alada y sin vuelo. Lima, la de la mujer que amo y cuyo rostro se repite. Rostro lleno de repeticiones y memoria. Memoria que persigue, perfume de ciudad. Lima, la del poeta, la de Adán, el verso en la servilleta. Voz que pulula el Arzobispo Loayza.

Si ves desorden acá, si encuentras nostalgia acá, es que soy limeño. Nocturno y alado, testigo de la memoria, presa del rostro. Onírico y terrenal. Es que pertenezco a esta ciudad.

jueves, 10 de noviembre de 2011

LAS PIERNAS DE MI AMIGA (o Las piernas de Alejandra)


Las piernas de Alejandra, con sus pequeñas cicatrices de cuando jugaba con su bicicleta, yendo de esquina a esquina, en la calle de su barrio. Las tiene por encima de las rodillas, llegando al muslo. Lo saben quienes la conocen y quienes han apreciado sus piernas. Sobre todo cuando viste esa hermosa falda jean que usa en verano, algunos dirán que mejor es aquel short pequeño amarillo. Pero quienes realmente saben algo sobre Alejandra reconocerán que su belleza viste mejor aquel vestido suave, ligero y turquesa que usó hace unos febreros atrás.

No me dejarán mentir, era grácil, menudo, ataviado de pequeñas flores como enredaderas, que caían levemente hasta el borde de la tela. Aquel vestido fue inolvidable para quienes apreciamos sus piernas y las hemos visto florecer y volverse más hermosas desde que nacieron en su adolescencia hasta la juventud que nos ha hecho quererla y nos hace seguirla. Con el vestido relucían milagros que la falda y el short no lo permiten. Sobre todo cuando se sienta en esa silla blanca, coge ese vaso de cerveza, exhala el humo de su cigarrillo y cruza esas piernas.

Cuando la vi bajar de esas escaleras altas y oscurecidas por la noche, sabía que después de tantos viajes. De cruzar el norte del Perú, viendo la incertidumbre de Trujillo, la calidez de Chiclayo, las inacabables noches de Talara. Viendo todo aquello no había encontrado ese aroma de sensualidad, ese misterio de puentes, esa desnudez debajo de los vestidos. Porque en Piura, donde el sol dora la piel, la chicha se bebe en poto y se liba sin distinguir las horas, las chicas son hermosas pero no son Alejandra.

Por eso, al verla bajar, me detuve sólo a mirarla, con su vestido turquesa, las sandalias negras, la vincha recogiendo su cabello. Su piel nívea, fresca, con reciente olor a jabón, a manzana. Aquel febrero, entre Barranco, bares y caminos inciertos. Sus piernas cruzadas, desnudas, llegaban hasta mí como una amiga coqueta, íntima y ese encanto mistérico.

Alejandra también besa bien, yo diría que es una cualidad que va con sus piernas. Cuando uno la besa no puede evitar deslizar las manos hasta ellas. Acariciarlas, olerlas, besarlas. Alejandra habla más idiomas que yo, sonríe y reniega fácilmente. Alejandra está enamorada y eso está bien. Alejandra me ha besado y me ha querido. Alejandra es mi amiga. Yo soy su amigo. Alejandra tiene piernas de ensueño. Algunos estarán de acuerdo en decir que su bikini negro, pequeño, hace brillar más esas piernas. Es cierto, las lucen, podemos ver más lo que nos ofrece, cuando el sudor comienza a bajar en ellas. Sin embargo disculparán que yo me empecine en ese vestido, en ese color.

Está enamorada y eso está bien. Pero ahora ya no luce tanto sus piernas, es cierto, es invierno, tiene que abrigarse. El invierno es triste, sólo porque la cubre. Alejandra es de esas personas que sólo deberían vivir bajo el sol, con lentes negros, un cigarrillo y una conversación nocturna. Alejandra tiene las piernas que más he deseado. Alejandra no usa balerinas y por eso la amamos y su boca me ha besado más de una vez. Me gusta verla cuando se echa en el sofá, mirando hacia el techo y elevando sus piernas hasta rozar los cuadros de las paredes.

Somos muchos los que esperamos que vuelva ese verano que la humedece, que la hace salir de esa casa, girar hacia la derecha y comprarse esa botella de agua antes de salir a correr. El verano la desnuda, la hace sonreír y sudar. Sus piernas son mejores que las de sus amigas, lo saben quienes hemos visto sus fotografías, cuando sonríe, juega o se tapa los ojos para evitar ese lente intruso. A Alejandra la espero siempre y siempre aparece. Alejandra muy rara vez me lee, por eso me permito escribir sobre ella y sus piernas. A Alejandra la he querido siempre y siempre vuelvo a ella.

jueves, 3 de noviembre de 2011

¿Y SI ADMITIMOS QUE EL OTRO EXISTE? LOS RETOS DE UN GOBIERNO


A mí el caso Chehade me incomoda, me irrita, me devuelve a las canteras de lo ocre. Que sea inocente o no, no lo asumiré yo. De eso se encargará la justicia, los periodistas, la “opinión pública” que no es más que un titular dado por una persona, se encargará la historia y por último: el oprobio.

Sin embargo me preocupa, además de irritarme, lo que como símbolo manifiesta y expele. Estas han sido unas elecciones difíciles que nos mostraron lo que no queríamos ver, lo que algunos sociólogos se negaban a aceptar en su wishful thinking. Me refiero a que aún no somos un país, somos en todo caso un futurismo, una deuda pendiente, un colmillo gastado. No nos reconocemos, ni reconocemos al otro. Eso se mostró en las agresivas frases que se escribieron en Facebook, en las portadas de diarios sensacionalistas, en la frase: “Ganaron los ignorantes.

Hace poco me enteré de la existencia de la página “Anti Hi5 Amixer.com” en Facebook. Esta página utiliza un término muy particular, que es el “amixer”, que viene a ser una derivación despectiva del otro término “amix”. Amixer vendría a ser el otro, la otredad, ese sujeto que no soy yo, que no puede ser yo porque sus facciones no son las adecuadas. El amixer tiene como particularidad no ser blanco y más bien trigueño y que aún usa la otra página de red social conocida como Hi5. El nacimiento de este insulto conlleva significancias más allá del disgusto estético, proviene de un mensaje subliminal de decirle al otro “hasta aquí llegas”, consiste en marcar un muro tácito con el cual aún se deben mantener las fronteras sociales, en este caso más cercano al modelo de castas.

Resalto este fenómeno porque representa dentro de radio su de alcance un problema mayor: Hay gente que tiene derechos y hay otras que no.

Ese mensaje fue el que hizo ganar a Humala. Quizá por eso me gustó mucho cuando trocaron la frase de “ganaron los ignorantes” a “ganaron los ignorados”. Aquello fue el punto fuerte de la campaña de Humala, mas también se puede convertir en su talón de Aquiles. Me explico, al haber hecho hincapié sobre la inclusión social ganó fácilmente en muchos de los departamentos de la zona andina del Perú. Ahí fue casi invencible, esto se traducía también en una mayor participación y control estatal y fiscal sobre los recursos naturales, entiéndase por eso principalmente los temas relacionados a la minería. Sin olvidar, claro, su promesa de destinar el gas del lote 88 para consumo interno, o en todo caso priorizar su uso para el mercado interno.

Bien, si revisamos que del total de 148 conflictos activos más de la mitad tienen que ver con asuntos socioambientales, es decir el problema minero. Cusco, Cajamarca y Puno son algunos de los de los departamentos que esperan una acción rápida de parte del gobierno. El problema para Humala será cómo negociar con ambas partes sin que el Estado salga perdiendo, sobre todo teniendo en cuenta sus promesas de gobierno durante la violenta campaña y sus otras promesas a los empresarios, me refiero al discurso que dio en el Peruvian Business Council en New York.

Hasta el momento la ley de la consulta previa es un primer avance para amainar las aguas, y no repetir el Apocalipsis Now de Bagua. Ahora averiguar su uso y sus alcances será lo primordial. Este gobierno tiene que diferenciarse mucho del anterior, sobre todo en lo que concierne al diálogo. Esto ayuda a crear un puente y abrir posibles soluciones escuchando las demandas de los protestantes, pero sobre todo, tiene un principal efecto en la representatividad del gobierno. Porque aunque les parezca injusto, un gobierno sobrevive más por la imagen, por los gestos que por los hechos mismos.

Es cierto que las obras son gestos y muestras, pero un gobierno no sobrevive sólo de cemento. Eso ya lo hizo Castañeda y García y aún así sus fantasmas con la corrupción los persiguieron. Más en el caso de García que su megalomanía parecía no dejarle entender el porqué de tantas protestas si su gobierno estaba haciendo obras. Por eso el tema de representatividad genera una gran importancia. Una ley de consulta previa no es un monumento de cemento, es un gesto que promueve el diálogo y la inclusión, es un mensaje que elimina la frase de ciudadanos de segunda clase y los hace partícipes de una nación.

Por eso la representatividad es muy importante y más para este gobierno cuyo origen se distancia del anterior, aunque quizá se acerque al de Toledo. La victoria de García en el 2006 fue una victoria triste, pues se trataba de que no ganara el otro. Este caso pretende ser similar, que no ganara Keiko. Pero además se juntaron muchos movimientos, de distintas ideologías y clases sociales. Ganaron las provincias y perdió Lima, diría que por primera vez.

La otredad está representada o, por lo menos, siente que así es o será. ¿Qué pasa cuando se enciende la esperanza y lo que se recibe en cambio es la plúmbea continuidad?

Hay que recordar que Sendero es el hijo de muchas promesas frustradas. Y los que muchos ignoran y olvidan es que el semillero del cambio fue iniciado por el Apra. Cierto que también estaba el movimiento iniciado por Mariátegui y que antes de él estaban los anarquistas bajo la tutela intelectual de González Prada. Pero el primero no llegó moldear todo lo que planteaba pues su líder murió joven, además que sus acciones caminaban más dentro de la intelectualidad y el segundo se dispersó entre apristas, socialistas y más tarde comunistas.

Fue el Apra el que abrazó a muchos de los descontentos y esparció las ideas de un cambio, cuando Haya aún era un ferviente antiimperialista. La historia la sabemos todos ya. El Apra se hizo amigo de Odría, de los Prado, del olvido selectivo. Pero la semilla había sido sembrada y la pregunta constantemente pateada ¿Y cuándo el cambio? Hubo muchos intentos insurreccionales en el país, pero su freno fue justamente el gobierno más estigmatizado del siglo XX.

Curiosamente el gobierno revolucionario de Velasco frenó las insurgencias pues se pensó que él haría los cambios que tanto se habían prometido y tanto se habían postergado. Es decir, no sé si sin proponérselo, se evitó una guerra civil (El caso de Bolivia es similar, no discutiremos los aciertos y los fracasos del gobierno vecino, pero si a Evo le va mal, haríamos bien en recordar que lo que se le venía a Bolivia era algo peor, cercano a una guerra civil. Es mucho mejor pelearse con un gobierno, quejarse, que ver muertos en la calle). Tanto fue así que el texto mítico del fundador del Apra que durante años fue prohibido en el Perú por orden expresa de su autor, nada más y nada menos, fue publicado por fin durante el gobierno de Velasco, pues Haya quería dar a entender que las reformas dadas por el gobierno ya las había planteado él antes. Era hora de congraciarse con el pueblo que se había alejado del Apra. El libro era El antiimperialismo y el Apra. Obviamente las razones por las que no fue publicado aquí se debían a los distintos virajes ideológicos de su autor y su creciente amistad con el gobierno norteamericano. Un libro antiimperialista sería perjudicial desde ese punto de vista.

No discutiremos la forma de gobierno de Velasco en este artículo, pues daría para uno aparte. Sólo basta recordar su derrocamiento por Morales Bermúdez y la posterior elección de Belaunde. La imagen fue que las promesas de cambio una vez más fueron postergadas, y si desde el estado democrático no se hace nada para democratizar la vida, entonces recurro a otras vías. Tal fue la vía y la justificación de un grupo de personas que asesinó a tanta gente.

Entonces vemos que la representatividad, la indignación y las armas son terrenos cuyas distancias son más cortas de lo que parecen. Hay que tener mucho cuidado con los movimientos de protesta y recordar que no son uno aparte, que son una cadena que arrastra años. Carlos Iván Degregori nos hace recordar que a través de los conflictos locales como la lucha ayacuchana por la gratuidad de la enseñanza en 1969 se convirtieron en un campo fértil que transformó la postergación y resentimiento en acción insurgente, como lo reseña José Luis Réñique.

Quizá una gran dosis de cambio de este gobierno sería que aprendamos a reconocer al otro.