miércoles, 2 de diciembre de 2009

miércoles, 25 de noviembre de 2009

CÓMO PERDER A UNA AMIGA

Quiero celebrar por el quizás que perdí y me abofeteó, por la nueva oportunidad de entristecerme por alguien que no se llame Raiza.
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Las noticias queman, hay mucho que se debe decir, “debe(r)” es una de las palabras que más odio junto con “hasta aquí nomás”, “pero” y “no vuelvas a…”. Dejo en claro que estoy omitiendo varias más y sobre todo una genial que me dijeron alguna vez: “yo no te amé pero te quise, lo intenté, pero te amo como amigo”. Bueno, no es algo textual pero el asunto va por ahí, en fin que las noticias están que arden con el asunto bochornoso del espía del recontra espionaje, la Universidad Alas Peruanas que parece un albergue de políticos, las maniobras surrealistas de Nakasaki por intentar sacar a Fujimori de presión, el noticiado fiasco de Francis Allison por explicar el por qué de esos billetitos de más…pero para ser honestos con la mentira, para ser sincero con la esquina de mi lengua, para cumplir con las ganas de, debo decir que no tengo ganas de hablar sobre aquello, que mis fantasmagóricos lectores me lo perdonen, pero la verdad es que sólo tengo ganas de dar algunas pautas, algunos consejos caseros sobre cómo hacer para perder una amiga:

PASO NÚMERO 1:
Antes de conocerla ya te parece atractiva.

PASO NÚMERO 2:
Se convierte en la enamorada de tu amigo.

PASO NÚMERO 3:
Se convierte en tu amiga.

PASO NÚMERO 4:
Te sigue pareciendo atractiva tanto física como intelectualmente, pero sólo la ves como amiga (bien por ti).

PASO NÚMERO 5:
Termina la relación con tu amigo definitivamente después de muchas peleas.

PASO NÚMERO 5:
Tú también terminas con tu enamorada, a la que amaste bien, o sea mal y terminas muerto en vida por un buen tiempo.

PASO NÚMERO 6:
Detestas mucho a un sujeto que ni conoces, pero realmente sabes que nació para que lo detestes.

PASO NÚMERO 7:
Descubres que estás empezando a superar las tinieblas en que te dejó tu ex enamorada al descubrir que te vuelve a parecer atractiva tu amiga (siempre te pareció atractiva, eso no tiene nada malo, pero agrégale que ahora la pasas mejor con ella y te encariñas con ella).

PASO NÚMERO 8:
El sujeto que detestas con todo tu instinto asesino termina convirtiéndose en el enamorado de tu amiga.

PASO NÚMERO 9:
Siempre le vas a recriminar que ella está para algo mejor (algo de pura amistad, a parte del hecho de que detestas al sujeto).

PASO NÚMERO 10:
Beber cerveza con ella y descubrir un lado muy tierno y coqueto de su parte que nunca antes habías visto.

PASO NÚMERO 11:
Este en realidad es una constante durante toda tu relación amical con ella desde que inició la relación con aquel sujeto detestable, que es joderla a cada momento con epítetos exactos para describir al mamarracho que tiene por enamorado.

PASO NÚMERO 12:
Aún no lo sé cómo con exactitud, pero caminar hacia un local donde realizan fotocopias, encontrarse en el camino al enamorado detestable, llegar al local de fotocopias, encontrarte a tu amiga y decirle: Oye, creo que vi a tu simulacro amoroso por ahí.


Una vez dicho esto y contra todo pronóstico recibirás una increíble cachetada que posiblemente ponga fin a cuatro años de sísmica amistad. Ante todo esto no te queda más que celebrar que Sabina ya tiene nuevo disco, que ya se acaba la universidad, y que existe este magnífico blues: Desconfío.




viernes, 6 de noviembre de 2009

PEQUEÑA HISTORIA DE UN EDIFICIO

El centro de Lima parece estar empecinado en querer ganarle la guerra a la vejes y al olvido. Ha sido testigo de cambios importantes y sus edificios son fotografías de cemento que duermen a la espera de nuevos bríos. Hace apenas cincuenta años era el centro vital de la élite más poderosa de las familias peruanas, cómo no recordar aquellos pasajes inmortales de Un Mundo Para Julius, en cuyas hojas se leía las bondades culinarias del Gran Hotel Bolívar, ubicado al frente de la Plaza San Martín, en sus alrededores habitan una serie de edificaciones de similar estética, sin omitir al imponente Club Nacional, todos aquellos, rostros de un pasado aristocrático que duerme. Es decir, todos estos edificios guardan un guión en sí, que es contar la historia de lo que fue, es y quién sabe si será. Si fueron testigo y sostén de una época que se fue, ahora son cómplices de un presente que baila desnudo a un sol la noche.
A unos cuantos metros de la Plaza San Martín, en la esquina del Jirón Tacna con Nicolás de Piérola, se encuentra el edificio que fuera en su momento de la Compañía de Seguros La Popular, de propiedad de la familia Prado. Consta de tres pisos, con techos elevados, grandes ventanales cubren toda su fachada, la parte superior de su estructura luce dañada por el paso de los años, como si una bofetada de tiempo le hubiera robado su elegancia, su aspecto luce ahora lóbrego y más como una película de Tim Burton, pero con cierta sexualidad a lo Almodóvar. Pues aquel espacio, insultado por los años, luce muy distinto a la foto que aparece en mi libro El Imperio Prado: 1890-1970 de Felipe Portocarrero, provoca cierta nostalgia y morbo a la vez. Recuerdo cuando vi la foto en mi libro la primera vez, creía reconocerlo a lo lejos, sabía que de alguna manera aquella edificación se me hacía familiar, como si formara parte de mí ya hacía buen tiempo. Mi pregunta rondó semanas, hasta que un día, al visitar el Centro De lima, bajo exactamente en aquella dirección que nombré hace un momento, es decir, en la esquina del Jirón Tacna con Nicolás de Piérola. Lo había visto infinidad de veces, pero definitivamente uno jamás encuentra lo que no está buscando, por lo que decidí buscarlo y hallé mi respuesta, mi deseo hecho ruina.
Resulta difícil explicar aquella fascinación por las construcciones viejas, es como otorgarles el papel de vieja chismosa, de las que no mienten y guardan más de un secreto. Efectivamente, aquel edificio guarda aún mil secretos para mí. De día aparenta una muerte histórica, un olvido arquitectónico, pero de noche, al encenderse las luces de la ciudad, y al salir las putas de las prendas más cortas, el edificio parece recobrar vida, parece haberse quitado las faldas y en lugar de ellas colocarse unas tangas y tacones. Es una barra, termino que se utiliza para denominar a los night clubs o centros nocturnos, donde la gente adulta (aunque también acuden menores de edad) especialmente público masculino, acude para presenciar shows de streptease. Hay dos en total y en medio de ellas hay un chifa.
Intenté durante el día acercarme al dueño del chifa para poder obtener alguna información sobre cómo accedieron a este local, a quién acudieron para hacer el contrato, pero los horarios de esta mano transeúnte no encontraron un momento preciso para satisfacer la duda. Además el verdadero interés estaba en la noche, en saber quiénes habitaban dicho lugar, cómo se preservan sus estructuran internas o en todo caso, cuánto se ha alterado su imagen original.
Es a partir de las seis de la tarde que las luces del Centro comienzan rebelarse ante la noche, devorando los pedazos de tiniebla que la luna no alcanza a exterminar. Es hora en que las barras comienzan a abrir sus puertas, que se inicia el aseo interno y los hombres encargados de atraer público salen a la calle, se paran frente a sus puertas y comienzan a promocionar los shows: A sol la barra, a sol. La discreción parece un juego de absurdos, todos son invisibles alrededor, no importa que sea un precoz adolescente o un anciano con máscara de inocencia, a las barras parece entrar cualquiera. Pago el sol correspondiente e ingreso al local, a confirmar por fin, de una vez por todas, aquella imagen que en mi mente no me dejaba en paz desde aquella foto en mi libro... Nada es como me lo imaginaba, no son ruinas, parada nada, se trata de una transformación de alma, de muros y espacios. Lo primero que se percibe es la oscuridad erótica y comercial del ambiente, a la derecha de la entrada se encuentra el bar, solo observo cervezas y algunos whiskies, un solo barman, en las bancas que acompañan al bar hay cuatro mujeres en tangas, semidesnudas, hablando, riendo, coqueteándose entre ellas, más allá se encuentra otra, la única con compañía masculina, viste unos tacos de color negro, así como su minifalda y su brasier. Está sentada sobre su pierna derecha, mientras la otra se mece acompasadamente de una música indescifrable. Dos hombres la acompañan, le ofrecen cerveza, ella les coquetea y bebe, sin acabar nunca su vaso, parece saber que quienes deben embriagarse son ellos y no ella.
Más allá, en donde yo pienso debía de ser el salón principal de la antigua compañía, se encuentra el escenario, con un tubo metálico en el medio y espejos alrededor que ofrecen una visión hacia ambos lados del espacio, derecha e izquierda, su función es que nadie se pierda del acto, del baile, del metodismo del desnudo. Sigo caminado, trato de observar discretamente, para que todos existan menos yo, el humo del lugar resulta por momentos asfixiante pero a la vez me mimetiza con el entorno, a mi izquierda hay habitaciones especiales, para los shows privados, 30 o 50 soles, según el tiempo y el tipo de trato que quieras recibir de alguna de las chicas. Definitivamente todo ha cambiado, excepto los techos, no hay forma intimidarlos y atreverse a cambiarlos, su altura es inmarcesible, aún se observa la madera vieja que recorre todo el espacio intocable de sus alturas. Sin embargo no puedo resignarme a los techos, sé que la búsqueda por pedazos que se hayan negado al cambio debe existir por algún lado. Es por eso que sigo caminando, esta vez hacia los baños, que se encuentran atrás del escenario, siguiendo un pequeño pasadizo, que de paso se comunica con el camerino de las bailarinas. Siguiendo por ese camino se llega hasta un punto en donde no queda más que doblar hacia la derecha, lo que a la vez termina con una puerta metálica que comunica con otra parte del edificio, una sección que no ha sido afectada por el cambio, evolución o involución, todo alrededor es madera, vidrios sucios, empolvados, paredes blancas o cremas, lo que quiera que la visión nocturna pueda acreditar. De pronto un guardia del lugar me toma por sorpresa y me pregunta qué hago en ese lugar, yo trato de decirle que estoy en búsqueda de un local para alquilar, él pregunta para qué, yo dudo, titubeo y al final respondo:
-Para un restaurante puede ser.
Él hombre me dice que no, que tendría que hablar con el dueño, pero que en este momento se encuentra de viaje y no hay cómo contactarlo. Yo quiero preguntarle ¿Usted sabe que esto fue antes el edificio de la Compañía de Seguros La Popular de la familia Prado, que de alguna manera representaba el sostén económico de una época que se fue? Pero callé, mi presencia no era bien recibida en ese lugar, digo adiós a la puerta metálica que amuralla mil preguntas sobre su pasado y su incierto futuro. Me retiro, quiero preguntarles a las chicas si saben dónde están trabajando, si saben qué fue este lugar, pero el show debe continuar y opto por retirarme a buscar otros edificios en mi pequeña biblioteca.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

LEVI-STRAUSS 100 AÑOS






Veronique Mortaigne








Revista Ñ
Con ocasión del fallecimiento del gran antropólogo francés, rescatamos esta entrevista de marzo de 2005.
Referente para varias generaciones de intelectuales, ya próximo a cumplir un siglo, Claude Lévi-Strauss repasa aquí los años que pasó en Brasil, cuando realizó los estudios etnográficos que marcaron el rumbo de la antropología estructural. En la charla aparecen el impacto colosal de la "selva virgen" y de la formación urbana, así como los cambios que sufrió nuestra relación con los pueblos "primitivos", con sus ritos y su cultura.
¿Es posible quedar marcado físicamente y para siempre por un país?
Sin duda. Cuando yo fui a Brasil, en 1935, para enseñar sociología en la Universidad de San Pablo, mi primer impacto fue la naturaleza, tal como todavía era posible contemplarla sobre las pendientes de la Serra do Mar, entre San Pablo y el puerto de Santos. Allí existía un desnivel de 800 metros tan abrupto que la civilización había desdeñado el lugar en beneficio de la selva virgen. Al desembarcar en Santos se tenía un contacto breve pero inmediato con lo que el Brasil del interior, a miles de kilómetros de allí, todavía podía reservar. En el interior me encontré de nuevo con una naturaleza absolutamente distinta de la que había conocido... Pero hay otra dimensión a la que no siempre se le presta atención y que para mí fue fundamental: el fenómeno urbano. En 1935 decían que se construía una casa por hora en San Pablo. Había una compañía británica que abría los territorios al oeste del Estado y construía una línea de ferrocarril y urbanizaba una ciudad cada quince kilómetros. En esa época, uno de los grandes privilegios de Brasil era poder asistir, de manera casi experimental, a la formación de ese fantástico fenómeno humano que es una ciudad.
¿Toda ciudad?
En nuestro país, la ciudad es a veces sin duda el resultado de una decisión del Estado, pero sobre todo de millones de pequeñas iniciativas individuales tomadas a lo largo de los siglos. En el Brasil de los años 30 se podía observar cómo se producía todo el proceso en unos años. Como yo ejercía la etnografía, los indios fueron para mí esenciales, pero esa experiencia urbana ocupó un lugar muy importante, y los dos Brasil coexistían. Novelistas como Euclides da Cunha —autor del clásico Os SertÉes — describieron magníficamente a ese Brasil. También conocí muy bien a Mario de Andrade: musicólogo, poeta, fundador de la Sociedad de etnografía y folklore de Brasil. Fuimos muy amigos.
De Andrade había imaginado con mucho humor, en su novela "Macunaima", a un indio de Amazonas mentiroso y haragán, convertido por su matrimonio en emperador de la selva virgen, que terminaba recalando en San Pablo para recuperar un amuleto antes de ser transformado en constelación: la Osa Mayor. Ese espíritu indígena, ese vínculo entre ciudad, selva y mito, ¿perdura? ¿Siguió su rastro?
Sigo la evolución de los indígenas que había estudiado a través del pensamiento, y gracias a mis colegas mucho más jóvenes, sobre todo de la universidad de Cuiaba, en el Mato Grosso, que trabajan con los Nambikwaras. Me escriben, me envían sus trabajos. Esos pueblos han soportado pruebas terribles: han sido casi exterminados. Pero lo que se produce actualmente es de sumo interés. Estos pueblos se han puesto en contacto unos con otros. Saben ahora lo que durante mucho tiempo ignoraron: ya no están solos en el universo. En Nueva Zelanda, Australia o Melanesia existe gente que, en épocas diferentes, pasó por las mismas pruebas. Toman consciencia entonces de su posición común en el mundo. Naturalmente, la etnografía ya no será nunca lo que yo pude practicar en mi época, cuando la cuestión era encontrar testimonios de las creencias, de formaciones sociales, de instituciones nacidas en total aislamiento respecto de las nuestras y que constituían por lo tanto aportes irreemplazables al patrimonio de la humanidad. Ahora, estamos, por así decirlo, en un régimen de "compenetración mutua". Vamos hacia una civilización a escala mundial. En la que probablemente aparecerán diferencias —al menos, eso esperemos— pero que ya no serán de igual naturaleza.
La rapidez de desplazamiento, la velocidad de propagación de las culturas, la comunicación, son factores determinantes...
Antes mis colegas y yo nos tomábamos barcos mixtos que después de muchas escalas tardaban diecinueve días en llegar a América del Sur, deteniéndose en las costas españolas, argelinas, africanas. De África, dicho sea de paso, solamente conozco las escalas que hice en los viajes a Brasil ida y vuelta.
¿Qué significa hoy Brasil para usted?
Representa la experiencia más importante de mi vida por el alejamiento, por el contraste, pero también porque determinó mi carrera. Tengo una deuda muy profunda con ese país. Abandoné Brasil a comienzos del año 39 y recién volví brevemente en 1985, cuando acompañé al presidente Mitterrand para una visita de Estado de cinco días. Aunque fue muy corto, ese viaje me produjo una verdadera revolución mental: Brasil se había convertido en un país totalmente distinto. En los 30, San Pablo tenía apenas un millón de habitantes y en 1985, más de diez millones. Los vestigios de la época colonial habían desaparecido. San Pablo se había transformado en una ciudad bastante horrorosa, erizada de rascacielos, a tal punto que cuando quise volver a ver, no la casa donde había vivido —seguramente ya no existía— sino la calle donde había vivido, pasé la mañana bloqueado en embotellamientos sin poder llegar. La urbanización hizo desaparecer su naturaleza; el río Tietè, que fue fundamental en la conquista del interior de Brasil, está moribundo...
Ese relajamiento de los vínculos entre el hombre y la naturaleza ¿no es característico de nuestra época?
Ya en mi tiempo, la naturaleza de San Pablo había cambiado mucho. El vínculo entre el hombre y la naturaleza quizá se haya roto y, al mismo tiempo, se puede comprender que Brasil, desarrollado tan notablemente, tenga respecto de la naturaleza la misma política que Europa en la Edad Media: destruirla para instalar una agricultura.
¿Volvió a ver a sus amigos, los indios Caduveos, Bororos o Nambikwaras, que usted había estudiado?
En 1985, Brasilia era una de las etapas del viaje presidencial. El diario O Estado de Sao Paulo me propuso llevarme a ver a los Bororos, un viaje que me había costado mucho en 1935, pero que, en avión, se podía hacer en unas horas. Subimos una mañana a una avioneta que transportaba solamente tres pasajeros: mi mujer, una colega brasileña y yo. El avión voló sobre los territorios Bororos, pudimos incluso divisar algunas aldeas todavía con su estructura circular, pero cada una tenía ahora una pista de aterrizaje. Y después de sobrevolarlas, el piloto nos dijo: Podría aterrizar, pero las pistas son tan cortas que tal vez no pueda volver a despegar. Renunciamos y regresamos a Brasilia atravesando una tormenta espantosa. Creo que nuestra vida nunca se había visto tan expuesta, ni siquiera en la época de mis expediciones. Llegamos apenas a tiempo para que mi mujer se pusiera un vestido de fiesta y yo un smoking para asistir a la cena de gala ofrecida por el presidente de Brasil a Mitterrand. Todo eso mostraba hasta qué punto había cambiado el país. No volví a ver a los Bororos en carne y hueso, pero sobrevolé el Bermejo, un afluente del Paraguay que me había llevado varios días remontar en piragua, y que ahora está bordeado por una ruta asfaltada.
La fotografía, a la que se ha dedicado con entusiasmo, ¿puede fijar esos mundos perdidos?
Nunca le di mucha importancia a la fotografía. Tomaba fotos porque era necesario, pero siempre con la sensación de que representaba una pérdida de tiempo, una pérdida de atención. Sin embargo, me gustaba mucho y me dediqué a la fotografía en mi adolescencia. Mi padre era pintor y trabajaba mucho con la fotografía. Pero la fotografía era un oficio aparte, por así decirlo. Lo que yo hice es un trabajo de fotógrafo en el grado cero. Publiqué un libro de fotos — Saudades do Brasil , que podría traducirse Nostalgia de Brasil, en 1994— porque a mi alrededor insistieron mucho. El editor eligió un poco menos de 200 clisés entre montones de otros. Durante mi primera expedición a los Bororos había llevado una pequeña cámara portátil y cada tanto oprimía el botón y tomaba algunas imágenes, pero en seguida me hastié porque cuando uno tiene el ojo detrás de un objetivo de cámara no se ve lo que pasa y se comprende menos todavía. Quedaron algunas migajas que en total hacen más o menos una hora de fragmentos de películas. Las encontraron en Brasil, donde yo las había abandonado y las mostraron una vez en el Centro Pompidou. Además, voy a hacerle una confesión: las películas etnológicas me aburren enormemente.
¿Qué pasa con el Museo del Hombre, inaugurado en 1938?
El Museo del Hombre se encamina hacia un nuevo destino. Fue concebido siguiendo una fórmula muy ambiciosa pero que, en mi opinión, ya no responde a las realidades del momento. Su objeto era unir la prehistoria, la antropología física, la etnografía, que tomaron en cada caso caminos divergentes. En el caso de la etnografía, el Museo del Hombre pretendía mostrar cómo vivían aún en 1920 y 1930 los pueblos lejanos que los etnólogos iban a estudiar. Eso ya no responde al presente. Si quisiéramos mostrar cómo vive hoy una población melanesia, desconocida en 1930, habría que poner en la vitrina bolsas de café y autos Toyota junto a algunos utensilios tradicionales. Y sería una imagen mentirosa. La idea general del futuro museo del Quai Branly es recoger todo lo que estas civilizaciones han producido de grande y bello, teniendo en cuenta que son testimonios del pasado. Eso responde bien a la relación que esas civilizaciones pueden y deben mantener con su pasado, y a la que podemos mantener hoy con ellas.
¿Es posible que un objeto sacado de su contexto ritual, comunitario, conserve su sentido?
Una máscara que tiene una función ritual es también una obra de arte. El enfoque estético no me inquieta en absoluto. El Museo del Louvre es ante todo un museo de bellas artes. Tiene, por lo tanto, un espíritu, una función estetizantes. Nunca impidió que la historia o la sociología del arte se desarrollaran, ni que los conservadores de ese museo fueran muy buenos estudiosos. El hecho de suscitar el interés o la emoción del público a través de objetos bellos no me preocupa para nada. La estética es una de las vías que le permitirá descubrir las civilizaciones que los produjeron. Y así algunos se convertirán en historiadores, observadores, estudiosos que se dedicarán a esas civilizaciones.
Usted coleccionó objetos y llegó a comparar los mitos, tema de sus investigaciones, con "objetos muy bellos que no nos cansamos de contemplar". ¿Todavía le encantan?
Siempre he amado los objetos, desde la infancia, el baratillo. En un tiempo, los objetos que llamábamos primitivos eran accesibles a los bolsillos modestos. Con André Breton, por ejemplo, cuando estábamos en Estados Unidos, sabíamos que esos objetos eran tan bellos como los de otras civilizaciones; y que podíamos comprarlos por casi nada. Todos los objetos ahora tienen un precio tan alto que lo único que se puede hacer es mirarlos de lejos sin pensar en tenerlos. Si las condiciones se hubieran mantenido, seguramente seguiría coleccionando. En 1950, tuve problemas personales y a toda costa tenía que comprar un departamento. Tuve que separarme de mi colección. Hoy veo pasar objetos que me pertenecieron. El Quai Branly compró el extremo superior de un tocado de indio de la costa noroeste de Canadá que se encontraba, no sé cómo, en una colección en la provincia. En el Louvre hay una máscara de transformación kwaktiul. También se podrán ver objetos que reuní para el Museo del Hombre durante mis expediciones; sufrieron mucho durante la guerra y luego por las malas condiciones de calefacción. Los tocados de plumas se arruinaron mucho. Las plumas estaban pegadas con resina o cera y en la época que yo traía mis colecciones, pensaban que debía inundar mis cajas con un desinfectante cuyos vapores disuelven esas resinas.
Usted es melómano. Su libro "Mitológicas" arranca con una obertura y cierra con una finale. En "Lo crudo y lo cocido", el primero de los cuatro volúmenes de "Mitológicas", comienza recitando un canto Bororo: la melodía del buscador de pájaros. ¿Analizó su música?
No, para nada, no soy etnomusicólogo; no estudié sus cantos. En algunos casos me impresionaron, en otros me emocionaron. Por otra parte, una de mis primeras emociones fue la de las ceremonias que se desarrollaban cuando conocí a los Bororos. Acompañaban sus cantos con sonajeros que manipulaban con tanto virtuosismo como un director de orquesta su batuta. Hace unos meses recibí la visita de dos indios Bororos que acompañaban a dos investigadores de la universidad de Campo Grande del Mato Grosso, donde ellos mismos enseñan. Quisieron, en mi oficina del Collège de France, por su propia iniciativa, cantar y bailar para mí. Esa es una de las paradojas en las que vivimos: esos colegas Bororos conservaban toda la frescura y autenticidad de una música que yo había escuchado sesenta años antes. Fue muy emocionante. La música es el misterio más grande que enfrentamos. La música popular brasileña de mi tiempo era, además, sumamente sabrosa.
¿Qué diría del futuro?
No me pregunte nada de eso. Estamos en un mundo al que ya no pertenezco. El que conocí y amé tenía 1.500 millones de habitantes. El mundo actual tiene 6 mil millones de humanos. Ya no es el mío. Y el de mañana, poblado por 9 mil millones de hombres y mujeres —aunque se trate de un pico de población, como nos dicen para consolarnos— me impide cualquier predicción...
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Lévi-Strauss
BRUSELAS, 1908 ANTROPOLOGO
Desde "Las estructuras elementales del parentesco" (1949) hasta "Mirar Escuchar Leer" (1993), Claude Lévi- Strauss ha conseguido situarse como figura central de lo que se conoce como antropología estructural, o "estructuralismo" francés, que aún hoy influye en todas las ramas de las humanidades, tanto en su abordaje como en su enfoque temático. Formado en leyes y filosofía en La Sorbona, Levi-Strauss encontró en Jean- Jaques Rousseau la base de su propia obra. La transición de lo animal a lo humano, desde el estado de naturaleza hasta el de cultura, ha sido central en sus estudios antropológicos, que toman como eje las estructuras del parentesco y el mito. Sus primeros estudios etnográficos, realizados en Brasil, entre 1935 y 1939, inspiraron su obra "Tristes trópicos" (1955). En "Mitológicas I-IV" (1964-1973) analiza cientos de mitos indígenas e intenta revelar los sistemas subyacentes. Severa crítica del estructuralismo, la escuela empirista anglosajona ha objetado la imposibilidad que tiene su método de verificar independientemente las estructuras decodificadas.
Fuente: http://www.ddooss.org/articulos/entrevistas/Claude_Levi_Strauss.htm

viernes, 16 de octubre de 2009

SUCEDIÓ EN LA CALLE DESAMPARADOS

Se fue desvistiendo gradualmente, temblaba un poco, lo usual en estas situaciones. Ya mostraba algunas muestras del maltrato en su piel, coloraciones evidénciales en sus brazos, típico forcejeo, inútil como en tantos casos, de resistirse a los deseos sexuales de su victimario. Que dejes de gritar, pronunció con fuerza mientras con sus manos sostenía impiadosamente los brazos de la aterrorizada joven. Con la música y el volumen ensordecedor, los gritos de auxilio parecían no encontrar dirección. Quizás ella sabía que era inútil gritar, ya sea que el volumen no fuera tan alto, nadie se atrevería a ayudarla, este tipo de lugares, de construcción vieja, que alguna vez fue hogar de distinguidas familias, ahora sirve para este tipo de actos. Todos alrededor saben qué está pasando y seguro lo están comentando mientras fuman algún cigarro. Al costado de la habitación se escuchan los gritos de otra mujer. Pero ella parece disfrutarlo, o en todo caso parece fingirlo, no se oyen forcejeos y las palabras soeces parecen excitarlos a ambos. Qué mierda es este lugar, piensa para sus adentros la pobre joven a la que llamaremos Sofía, sus prendas yacen en el suelo, raídas por la virulencia sexual de aquel hombre que no deja de pasar sus manos sobre los senos de la mujer. No hay necesidad de golpearla, la tiene a su merced, sigue luchando, pero de nada sirve. Aun así la golpea, por placer, por alimentar su libido. Allá, afuera de la habitación, se confirman los pensamientos que antes se han mencionado respecto a la actitud de las personas y su voluntad neutra de ayuda.
Es cierto, a pesar del ruido de la música, una cumbia que parece estar de moda entre los habitantes de este espacio, aun con eso, se escuchan los gritos de la mujer que clama ayuda. El dueño del hotel es inmutable ante los hechos, sus dos acompañantes, uno gordo con bigotes y camisa floreada parece reírse, a diferencia del dueño inmutable, él goza con los alaridos de la mujer, mientras se rasca con una mano su abultada barriga por debajo de la camisa, con la otra, hábilmente, sirve un poco de cerveza al vaso de su otro amigo, un joven que acaba de ser padre, festeja por su hijo recién nacido, tiene grandes planes para él. Le enseñará a pelarse bien, como se debe, para que sea respetado en el colegio, y sobre todo le enseñará cómo se debe tratar a un mujer, para que sea un verdadero hombre, Salud compadre, por mi hijo y por la puta que se la están tirando rico. Ambos celebran, mientras al dueño poco le importa, total es un día más de trabajo, aquí pasa de todo, mejor es callar para evitarse problemas, fingir que nada pasó. Pronto los gritos dejaron de escucharse, se empiezan a tejer ideas sobre el porqué del cese de la chica. La respuesta es sencilla si uno empieza a construir con lógica los factores que condicionan el grito. Uno es la intención de este, que es un intento fatuo, una exclamación de auxilio que no encontrará respuesta. Pero en sí, lo que posibilita esto es la operatividad de la boca, ahí estaría la solución a la incógnita de los dos hombres, incluso también la del inmutable. Su boca está siendo utilizada, en contra de los deseos de su propietaria. La felación es lo que ha motivado el silencio repentino. El hombre agarra con fuerza la cabeza de Sofía, la dirige hacia su miembro viril, por momentos tira la cabeza hacia atrás y gime de placer, pero luego recobra la coherencia y vuelve a dirigirla hacia abajo, no vaya a ser que a la mujer se le ocurra defenderse y le muerda con todas sus fuerza aquello que lo hace ser diferente de la persona que llorando está entre sus piernas, aquello que lo ha convertido en un animal.
De pronto se cansa y la tumba sobre la cama, le abre las piernas, ella está totalmente desnuda, sin embargo él ha preferido mantenerse con las medias puestas. Lo comprensible hubiera sido que solo se bajara los pantalones en caso de que algo malo surgiera y así poder escapar fácilmente, pero su deseo es más fuerte y ha tenido que quitarse la ropa para poder disfrutar mejor del acto. Pero claro, la medias puestas, Abre bien las piernas, peludita no, por qué lloras tanto si ya veo que no eres ninguna santa, no eres virgen pendeja por qué lloras, vamos, muévete bien. Nuevamente los gritos se dejan oír y la quinta cerveza corre por cuenta del dueño esta vez, que ha decidido relajase un poco, no es un hombre serio, pero hay que estar atentos. No es lo mismo que vengan putas a tirar aquí a que traigan a una chica a la fuerza, algunos te pagan bien por el servicio brindado y la discreción, pero siempre hay el riesgo de que algo pase, siempre. Pero de qué sirve preocuparse, total no es la primera vez y hasta ahora nunca ha pasado nada, además los policías son sus amigos, ellos mismos han llevado a algunas putas al lugar, así son las cosas, la vida puede ser un gran prostíbulo, pero no ni eso, el mundo jamás podrá tener, ni siquiera, ese orden. La otra pareja, la que se encontraba en la otra habitación, acaba de salir, caminan por separado, no se conocen, no tienen por qué conocerse, simplemente han tenido una relación de negocios que ha llegado a su fin. Cada uno se irá por caminos diferentes.
Sofía está de espaldas, su cabeza apunta hacia el espejo grande que está al costado de la cama, parece ida, aquel hombre no ha respetado ningún orificio de su cuerpo, ahora lo hace por aquel último que a su morbo le faltaba, por aquel espacio sí era virgen Sofía, el dolor al principio fue inefable, pero no tanto como su vergüenza y su asco. De pronto el dolor aletargó sus acciones y simplemente calló, no volvió a gemir ni una sola vez más, su cuerpo era una masa vacua que recibía las injusticias de una piel no deseada. Todas las ideas que rondaban por su cabeza. Estará enfermo, me contagiará de algo, me embarazará. Ya simplemente era mejor evitar eso, mejor era morirse en vida, desnuda. El hombre eyaculó lo que pudo, desgraciadamente, al interior de su vagina. Se vistió lentamente, como si no hubiera nada que temer, quizás tenía razón, no había subterfugios para la prisa y el miedo. Miró nuevamente el cuerpo desnudo de su víctima, casi parecía producirle otra erección, pero era ya suficiente, no hay que tentar al destino. Sofía aún no recobraba el sentido, mantenía los ojos abiertos, con una mirada vaga y confusa, se abrazaba a sí misma, pero seguía desnuda. Quizás ya lo sabía, lo peor no era aquello que acababa de vivir, sino tener que recordarlo, en sus piernas. Su olor le apestaba y ahora ese olor era suyo también y probablemente la haya embarazado, ella lo sabe, que esto tiene sus consecuencias, es casi imposible que no suceda, aún tiene todo su semen en su interior y siente ganas de vomitar, aún sigue desnuda abrazándose a sí misma. No saldría de la habitación hasta dentro de dos horas, cuando el mismo dueño y sus dos amigos la sacaran, no sin antes vestirla, a medias, y no sin antes tocarla un poco. Pero eso sería un poco después. El hombre, satisfecho por una buena noche, baja las escaleras mientras busca su billetera en el bolsillo, saca una buena cantidad, lo que suele pagar para este tipo de favores. Gracias, Pedro, le dice al dueño inmutable. Gracias a usted, Padre.

sábado, 10 de octubre de 2009

NOBEL DE LA PAZ: AFGANISTAN BANG BANG



La paz es el sueño que uno anhela, pero en el fondo también asusta. Nos gusta por su carácter utópico, pero nos gana el morbo del conflicto. Será porque las situaciones difíciles son las madres del pensamiento, aun así, la paz es un derecho del cual todo el mundo debe gozar y “luchar” por conseguirla y mantenerla. Suena curioso, pues, que el actual presidente de Estados Unidos haya logrado la distinción del premio Nobel de la Paz. Debido a los logros aún no realizados, a las promesas vestidas de puntos suspensivos, a la guerra que aún atavía su gobierno. Cómo se puede ejemplificar la paz con un hombre que aún tiene en sus manos la responsabilidad de las muertes en Irak y Afganistán. Cuando el oprobio y el sufrimiento persiste en reinar en Guantánamo.
¿Cuál ha sido la intención de este premio cuyo creador financió su vida con la invención de la dinamita? Puede que la razón de este otorgamiento se justifique en vender una imagen del máximo exponente, de un país en desgracia moral, como el restaurador que pondrá de una vez las cosas en “orden”. En otras palabras, la estrategia podría cobrar, debido a esta hipótesis, una carga política que ayude a levantar la imagen del país. También teledirige su accionar hacia la búsqueda de soluciones prácticas y rápidas sobre los conflictos bélicos en el Medio Oriente y su participación en los movimientos sociales de la parte sur y central de esta poesía inteligible que es América. Este Nobel parece también un chiste de Groucho Marx.

martes, 6 de octubre de 2009

LA NEGRA Y EL BICOLOR

sábado, 3 de octubre de 2009

LA SONRISA DESDE LA MEMORIA


Una risa puede matar dividendos de soledad, fichar segundos musculares en la memoria de un pantalón viejo en el armario. Pero las hay también esas que nos condenan a su búsqueda inconclusa, porque cuando se da esa sonrisa, esa de entre un millón, la irrepetible en el rostro ausente, esa sonrisa puede ser la más cruel entre las más bellas. Yo he conservado varias, de diferentes tipos, aquellas con las que vivo y aquellas que me hacen reír solo en mi cama, mientras que con el frío intento leer un libro y fingir que no me importa pensar en aquella sonrisa del rostro irrepetible.
Varias tengo, sí, buenos recuerdos almacenados como el de mi abuelo sentado en su mueble negro en la sala, esperándome frente al televisor, meciéndose entre las hojas tristes del periódico, con los pies acariciando la alfombra. Su sonrisa me abriga y me secuestra por breves momentos, mientras se expande en mí el calor de un sentimiento reconocible al tacto de la lana caliente que cubre su cuerpo. La armonía que produce ese momento es lo que significa ese espacio muscular, esa línea que dibuja en los labios de una persona la satisfacción de un momento. La sonrisa de mi abuelo, la inquietud labial de Jenni, mi amiga, cuando lo alegre invade su cuerpo y el espacio alrededor no existe. La sonrisa gratamente canallesca que nos da el alcohol entre amigos, la gesticulación tierna de mi mascota al contacto con mi palma. La adicción al improbable momento en que serás asaltado por la sonrisa más bella, porque habrán cuales superarán a las otras, el tiempo nos ofrecerá ocasiones de colección. Pero lo triste de la situación, lo triste de la sonrisa más bella es cuando esos labios se cierran…cuando acaba el sentimiento que la originó y en vez de ella un rostro cordial es el que te saluda. A veces surge en mí la pregunta, ¿Será la postura de lo “correcto” al terminar lo que sea que una relación, sea lo que fuese, signifique, lo que nos impide volver a ese rostro mágico? O ¿Será que simplemente el emisor cambió de destinatario? A veces dudo que sea simplemente la aparición de otro personaje en la vida de una persona lo que evite, lo que enfríe las situaciones que generaría esa sonrisa que alguna vez alguien pudo compartir con otro alguien. Supongo que es la condición humana la que siempre nos pide una repetición de lo irrepetible, un último adiós de lo lógicamente terminado.
Si es así, la sonrisa es lo más barato y lo más invaluable que se puede ofrecer a aquel alguien que formó en el rostro irrepetible la sonrisa más bella y por ende la más cruel entre todas.
La colección es bella e intocable, también es lógico pensar que una cualidad de lo bello está en lo prístino de su ser, en su condición de único e irrepetible, en la necesidad de extrañarlo como se extraña la niñez perdida. Será por eso que yo recuerdo y evito esperar la aparición repentina de una de esas bondades gestuales. Será por eso que sonreír es una forma de retribuir a la memoria las sonrisas que me dieron.

viernes, 2 de octubre de 2009

¿DÍA DEL PERIODISTA?


Algunos han tenido la desfachatez, la insultante amnesia, la trepante conchudez, la ceguera alquilada, la ignominia mediática, de celebrar el Día del Periodista, como todo 1 de Octubre. Pero siendo sinceros, y nada novedosos ni prístinos, salta la pertinente pregunta ¿Qué diablos debe celebrar un periodista en el Perú? ¿A qué merito debe colgarse el periodismo actual para sentirse honrado de su profesión? El actual panorama del periodismo, en lo que respecta a su ética profesional peca de tuberculosa, de anemia fatal. En un medio en donde la prensa la lidera un diario como El Comercio, en donde no se debe tocar ni con el pétalo de un artículo a algo que dañe el modelo de gobierno o que altere los intereses económicos de los grupos de poder, en un medio en donde Perú 21 pasó de ser el hijito correcto, pero rebelde (del mismo diario anteriormente mencionado) a ser un engreído y mimador del gobierno, desterrando a un incómodo Rodrich de su puesto como director del diario y poniendo a su vez a Fritz Du Bois, no hace más que confirmar nuestro penoso pesimismo sobre el bienestar de la prensa.


¿Hay más en la lista? Como dirían los rockeros, después de una buena canción: Oh yeah. Cómo no mencionar a Correo, diario de propiedad de los Agois, del cual su director es Aldo Mariátegui, el chiquito que sale en las mañanas a ensayar lo que imagino pensará son debates de altura, un señor cuyas expresiones diarias, escritas o dichas en televisión, aterran a la lucidez del pensamiento, a la honorabilidad de la profesión. Porque si uno se pone a analizar a estos diarios mencionados, uno debería preguntarse qué han hecho por el país, o qué hacen por él. Los medios de comunicación no informan, desinforman, pero lo hacen con información, ¿Suena incongruente? Veremos, ¿Cuántas veces nos informan sobre la muerte de un peatón por la culpa de un ominoso conductor ebrio? Y ¿Cuántas veces nos informan sobre la situación económica del país, sus inversiones, sus riesgos, sus irregularidades, sus estafas? ¿Cuánto sabemos sobre los beneficios carcelarios de Fujimori, sobre el financiamiento de la educación de Keiko, del enriquecimiento del señor García, a qué se debe su prosperidad económica?


Pero claro, eso es algo que la prensa actual calla y probablemente callará. Y lo hará por la sencilla razón que el pueblo no le exige su derecho a información, porque el pueblo no lee, porque llevan el cartel de Homo Sapiens como una herencia sin fundamento. Cómo se puede explicar entonces que el Trome, El Ojo, El Chino y otros diarios de similar tendencia de insuficiencia neuronal sean los de mayor consumo. Al pueblo se le da lo que pide o, por lo que se entiende en este caso, lo que no exige. Por lo tanto, si al pueblo no le interesa estar informado y prefiere leer sobre la historia de una bailarina besándose con un futbolista casado, eso es lo que le daremos. Así de simple parece la situación, por eso nos resignamos a Aldo Mariátegui(…), Nicolás Lúcar(Fujimorista nostálgico), Beto Ortiz(que cuando quiere es interesante) Jaime Bayly (intento frustrado de Oscar Wilde y Truman Capote) y otros más. ¿Qué hay que celebrar? César Hildebrandt ya no está en la televisión, y aún se extraña (por mi parte) a Guillermo Giacosa. El panorama es tétrico a lo Tim Burton, pero sin esa pisca de comicidad y genialidad. Por cierto, la propuesta Día del Periodista nace bajo el gobierno del golpista Manuel Odría, hombre que jamás soportó ideas contrarias a su pensamiento y que encarnó el papel del inquisidor anacrónico en contra de la oposición (en ese entonces apristas y comunistas). La ironía viene desde su nacimiento.

martes, 29 de septiembre de 2009

UN ADELANTO DE VINAGRE Y ROSAS

CHARLY EN LIMA


Creo recordar dos conciertos en este año, a los cuales he asistido, que realmente han valido la pena. El primero fue el de Kevin Johansen, que lamentablemente no escribí, y el segundo, sin lugar a dudas, el de Charly García. La presión al respecto de su regreso era bastante fuerte, la pregunta se hacía sentir ¿Será Charly el mismo? ¿Podrá cumplir las expectativas del regreso triunfal que caracteriza a un artista de su talla y leyenda? La respuesta, para beneplácito de sus afiebrados y alcoholizados seguidores, fue que sí, que Charly regresó una vez más desde el infierno de la duda y desde la cicatriz del tiempo. Charly cumplió con ese casi canónico regreso de los grandes desde la muerte, ya lo hizo Joaquín Sabina de igual manera (a quien sus exquisitos excesos le pasaron factura hace unos años) y triunfó, musical y literariamente, publicando varios libros posteriormente. Ahora le toca a Charly con su nueva gira que dio inicio en Perú, en la explanada del Estadio Monumental. Aproximadamente más 15 mil personas anunció el Comercio, unas 20 mil según otras fuentes. Por mi parte, el ambiente de olor a marihuana y fiesta inacabable brumó mi vaga visión del número de espectadores que empezaban a saltar impacientemente ante la espera del ídolo argentino.
Cabelleras rubias, castañas, negras, se confundían entre la sonoridad del beso incontrolado, de la seducción del parlante en el escenario. Cuatro tipos tirados sobre el suelo coreando clásicos que se repetían como ecos desde atrás de otro grupo de soñadores. Eran las 9 y 15 aproximadamente y el telón que cubría el escenario empezó a mutar, a llenarse de color. Por un momento la oscuridad cubrió el lugar, para luego dar paso al creador de Botas Locas, notoriamente subido de peso, un poco de lento andar (probablemente por los medicamentos que toma y/o por la terapia que aún se encuentra en proceso) pero nada de eso opacó al piano, seducido por los dedos de Charly. Vestido de terno, peinado ordenadamente, y con la voz recuperada, arremetió contra un público excitado, canciones como Chipi Chipi, Nos Siguen Pegando Abajo, Demoliendo Hoteles, No Soy Un Extraño… casi un total de 29 canciones y esas ganas, esas malditas ganas de decirle: Che, no te vayas.
Pero se fue, después de más de dos horas de concierto, después de tres décadas unidas bajo una voz, a la entrega de unos dedos que viven para seguir acariciando esas notas musicales que nos remiten a la forma inicial del rock, a las ganas de joder un poco, y movernos bien. Simplemente Say No More.

martes, 25 de agosto de 2009

No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros




Cuando la pena te atrapa simplemente no hay forma de escapar de ella, no hay forma de engañarla ni alejarla. La soledad tiene piernas, y es así que recorre con uno los más impensados rincones, hasta atraparnos con sus aguas fúnebres. Aquellas aguas que permitieron a Virginia Woolf entregarse, por fin, al tan anhelado estado letárgico con el que todos soñamos pero jamás nos atrevemos. La imagen de aquella mujer sumergiéndose en el Ouse rondará por siempre en mí, ya he escrito hace algún tiempo sobre su aparición en las playas de Barranco, quieta y sin voz. La carta que escribió, las letras que dejó en un papel para un marido, que según sus penas, fue bueno con ella, es el perfecto testigo de una felicidad condenada a no existir en vida. Un cuerpo raído por la injustificación de una emoción más fuerte que la razón, una emoción que desgarra, la imposibilidad de la paz interna. Aquellas letras de despedida dicen adios mil veces, porque mil veces sentiremos que la hemos perdido.



"Querido:Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.
Virginia Woolf

domingo, 16 de agosto de 2009

POEMA DESCONOCIDO

Te descubres inerte
voy llenándote de cuerdas
de cartas gordas
de insolencias raídas
y cuando hago eso
te transformas te desconozco

Vas por los callejones
por los renglones
con tu silencio hueco
con tu verso endecasílabo
con tu tos
con tu pena
y cuando haces eso
me transformo
me desconozco

Te metes en mi bolsillo
en mi cigarro húmedo
te descubres inerte
en la piedra incomprensible
del malecón de Miraflores
y cuando esa piedra
se enternece aun más
en su acertijo tosco y mudo
nos transformamos
nos desconocemos

SUIMAR
(Disculpen el atrevimiento)

LA VIDA ES HERMOSA (DISUACIDIO)

jueves, 13 de agosto de 2009

GRACIAS POR ESTE REGALO HERMANA-


Este es un regalo de mi hermana espiritual, Vane, quien me pasó este escrito publicado en el blog: http://www.lashistoriasdejulia.blogspot.com/




Del libro Un tal Lucas de Julio Cortázar






Sería demasiado fácil comprar la torta en la confitería «Los dos Chinos»; hasta Gladis se daría cuenta, a pesar de que es un tanto miope, y Lucas estima que bien vale la pena pasarse medio día preparando personalmente un regalo cuya destinataria merece eso y mucho más, pero por lo menos eso. Ya desde la mañana recorre el barrio comprando harina flor de trigo y azúcar de caña, luego lee atentamente la receta de la torta Cinco Estrellas, obra cumbre de doña Gertrudis, la mamá de todas las buenas mesas, y la cocina de su departamento se transforma en poco tiempo en una especie de laboratorio del doctor Mabuse. Los amigos que pasan a verlo para discutir los pronósticos hípicos no tardan en irse al sentir los primeros síntomas de asfixia, pues Lucas tamiza, cuela, revuelve y espolvorea los diversos y delicados ingredientes con una tal pasión que el aire tiende a no prestarse demasiado a sus funciones usuales.Lucas posee experiencia en la materia y además la torta es para Gladis, lo que significa varias capas de hojaldre (no es fácil hacer un buen hojaldre) entre las cuales se van disponiendo exquisitas confituras, escamas de almendras de Venezuela, coco rallado pero no solamente rallado sino molido hasta la desintegración atómica en un mortero de obsidiana; a eso se agrega la decoración exterior, modulada en la paleta de Raúl Soldi pero con arabescos considerablemente inspirados por Jackson Pollock, salvo en la parte más austera dedicada a la inscripción SOLAMENTE PARA TI, cuyo relieve casi sobrecogedor lo proporcionan guindas y mandarinas almibaradas y que Lucas compone en Baskerville cuerpo catorce, que pone una nota casi solemne en la dedicatoria.Llevar la torta Cinco Estrellas en una fuente o un plato le parece a Lucas de una vulgaridad digna de banquete en el Jockey Club, de manera que la instala delicadamente en una bandeja de cartón blanco cuyo tamaño sobrepasa apenas el de la torta. A la hora de la fiesta se pone su traje a rayas y transpone el zaguán repleto de invitados llevando la bandeja con la torta en la mano derecha, hazaña de por sí notable, mientras con la izquierda aparta amablemente a maravillados parientes y a más de cuatro colados que ahí nomás juran morir como héroes antes de renunciar a la degustación del espléndido regalo. Por esa razón a espaldas de Lucas se organiza en seguida una especie de cortejo en el que abundan gritos, aplausos y borborigmos de saliva propiciatoria, y la entrada de todos en el salón de recibo no dista demasiado de una versión provincial de Aída. Comprendiendo la gravedad del instante, los padres de Gladis juntan las manos en un gesto más bien conocido pero siempre bien visto, y la homenajeada abandona una conversación bruscamente insignificante para adelantarse con todos los dientes en primera fila y los ojos mirando al cielo raso. Feliz, colmado, sintiendo que tantas horas de trabajo culminan en algo que se aproxima a la apoteosis, Lucas arriesga el gesto final de la Gran Obra: su mano asciende en el ofertorio de la torta, la inclina peligrosamente ante la ansiedad pública, y la zampa en plena cara de Gladis. Todo esto toma apenas más tiempo del que tarda Lucas en reconocer la textura del adoquinado de la calle, envuelto en tal lluvia de patadas que reíte del diluvio.

miércoles, 12 de agosto de 2009

UN DÍA PARTICULAR

Hoy es un día particularmente triste, como suele ser este día que se repite cada año, experimento dimensiones mucho más allá de mi lógica. Espero pensar en la bondad del daño, en que no se repita más este día, porque espero que todos aparezcan y aparecen sólo unos cuantos, porque espero un poco más allá de la línea, donde acaba todo y surjo yo. Cuando surco la balsa que se hunde con mi peso de hombre, con mi peso de espera. Hoy también es un día raro de por sí, obviando la llamada que no auxilió esa brevedad que es el sueño y el deseo tibio de su memoria, es un día raro porque combato su no presencia en este día que blasfema el sonido muerto del teléfono. Es un día, además, en el que reconozco que no soy el mismo de antes, simplemente algo ha cambiado. Me retracto entonces, no sólo es un día particularmente triste, sino que es un día en el que soy particular, la tristeza es particular, mi serenidad es particular. Soy diferente, entonces también puedo decir que estoy alegre, eso es bueno, como también lo es saber que muchos existen.

lunes, 10 de agosto de 2009

ENTRADAS PARA CHARLY




Miércoles 23 de septiembre de 2009, 9:00pm


¡Entradas a la HOY, 10 de agosto!


El músico más famoso de Argentina regresa al Perú para darnos concierto inolvidable CHARLY GARCIA




Precio:20% de descuento por pago con Tarjeta Interbanck (hasta 31 de agosto)




Say no more S/. 239.20


Piano Bar S/. 165.20


Clics Modernos S/. 83.20


Influencia S/. 41.20




10% de descuento por pago con Tarjeta Interbanck (del 1 al 23 de septiembre)




Say no more S/. 268.10


Piano Bar S/. 185.10


Clics Modernos S/. 93.10I


nfluencia S/. 46.10




Precio full


Say no more S/. 297.00


Piano Bar S/. 205.00


Clics Modernos S/. 103.00


Influencia S/. 51.00




* Precios con costo de servicio Tu entrada incluido

domingo, 9 de agosto de 2009

BERLUSCONI: CONCLUYO INVESTIGACION FISCALIA SARDA POR FOTOS


CAGLIARI, 8 (ANSA) - La fiscal de Tempio Pausania (Cerdeña) Elisa Calligaris, concluyó la investigación sobre la denuncia del abogado Niccoló Ghedini, presentada en nombre de Silvio Berlusconi contra el fotógrafo Antonello Zappadu, por las 5.000 fotos sacadas en Villa Certosa, la residencia isleña del premier italiano, de las cuales también había pedido el secuestro. El aviso de conclusión de las investigaciones fue notificado hoy al abogado Giommaria Uggias, que representa al fotógrafo. "Ahora, con el depósito del procedimiento, veremos las fotos y podremos constatar si están vinculadas también con las investigaciones de la fiscalía de Bari", sobre el empresario Gianpaolo Tarantini, acusado de proxenetismo y cesión de cocaína, quien habría llevado prostitutas a Villa Certosa, dijo Uggias. El abogado subrayó también "la rapidez" con las que fueron llevadas a cabo estas investigaciones, respecto a otras por el mismo caso, en particular, la verificación de si las fotos fueron sacadas fuera o dentro de la propiedad de Berlusconi, y por ende si hubo o no violación del domicilio y de la vida privada del premier. Mientras tanto, la fiscalía de Bari anunció el arresto de dos personajes vinculados a Tarantini, el empresario que llevaba prostitutas de lujo y otras mujeres a la residencia romana del premier, entre las cuales Patrizia D'Addario que entregó grabaciones de sus encuentros con Berlusconi a los magistrados. (ANSA) JMG 08/08/2009 16:40




Por otra parte, en otros medios, el premier del oprobio italiano, Silvio Berlusconi, ha declarado que no le debe disculpas a su familia, en respuesta por algunas declaraciones dadas por su hija.

sábado, 8 de agosto de 2009

DEBERÌAS SABER POR QUÈ






"Che, si en verdad me tomás en serio

Deberías saber por qué

En el fondo no hay un misterio

Deberías saber por qué

Te vas... ahí nomás

Todos van hasta ahí nomás

Ahí nomás.


Che, si te pones la camiseta

Deberías saber por qué...

Aunque digas que no me meta

Deberías saber por qué

Te vas ahí nomás.


Che, si en verdad me tomas en serio

Deberías saber por qué.


Hablando, custodiando

Vigilando y vagando

Exponiendo su manera de ser

Por qué no comprendo que puede ser...


Che, si es que entrás a mi apartamento

Deberías saber por qué

Es muy fácil decir lo siento

Es muy fácil sentirse bien

Bien igual

Bien igual.


Che, si en verdad me tomas en serio

Deberías saber por qué..."

jueves, 6 de agosto de 2009

LA VERDADERA HISTORIA DETRÁS DE MI CONCHA DE NÁCAR


Desde ya me siento culpable por narrar esto que debería permanecer en el conocimiento de sólo unos cuantos, desde ya la culpa viene porque muchos, quienes quizás deberían haberlo sabido mucho antes y de otra manera, lo harán de esta forma tan frívola y ajena, pido disculpas porque sumaré a estas preciadas personas junto un número de desconocidos, que quién sabe si les importará esto que van a leer. Por eso, ante todo, expreso que una vez más jugaré el papel del egoísta e irresponsable persona que suelo ser, por revelar situaciones que debieran conducirse por otros medios, sin embargo hay una fuerza inefable que me gobierna y me arrastra a ser yo mismo partícipe de la creación de mis problemas. Quizás es por eso que atenté contra mi vida hace ya casi un año, uno de mis intentos más decididos y que por lo tanto fue una frustración difícil de aceptar.

Imaginemos, tratemos de la mejor manera, de obviar todo lo que al principio se muestra como un acto vergonzoso de súplica infructífera, porque estoy siendo injustamente sincero conmigo mismo, la sinceridad también es una forma de injusticia, y la sinceridad que me atribuyo en estos momentos me puede salir cara. Intento únicamente narrar una historia, la historia de un hombre que decidió morir y que vive para decir: me pararon la hemorragia y me salvaron.

Asumiré el desconcierto y la falta de sintaxis en este texto impresentable para cualquiera, por eso intentaré poner algo de orden para el lector. La intención de esto es narrar el por qué de una crema de concha de nácar en mi morral, que una vez encontró un amigo, motivo que se convirtió en una broma recurrente, que me divierte mucho además, sin embargo me inquieta mucho la historia que se esconde tras de esa broma inocente que generó el encontrar una crema de concha de nácar en mi morral. El segundo motivo, claro está, es explicar el motivo en sí, las situaciones que me llevaron una madrugada que acercó al mes de Octubre con Noviembre, noche en la cual mis padres vieron un cuerpo violento y sin voluntad de vida. El tercero y último es saciar mi noche, mis ganas de arrancar de mí esta historia que me grita su escritura, que rasga la noche y seduce a la culpa. Mi vocación de Kamikaze.

La frialdad que encerraba mi cuerpo aquella época, recuerdo bien, era aterrorizante, me llevó a escribir muchos textos, a caminar sólo y con un maldito miedo acosador, la soledad, que es otra formar de llamar a ese frío gélido que llevaba en mí, me obligaba a encerrarme horas de horas en un hermetismo inhumano, en una habitación a un lado de la cama, golpeando siempre la pared con el puño cerrado. La desesperación encontraba muchas razones. Nunca me llegué a psicoanalizar, como bien me lo sugirieron tantas amables personas que se preocupaban por mí, tantos buenos amigos. Lo único que hacía era caminar solo, con miedo, porque no sabía qué podía encontrar en el camino, sobre todo no quería ver a personas que podían hacerme daño su sola presencia, su sola belleza. Pasé dos años en ese estado de búsqueda inconclusa, con la sonrisa luchando por emerger entre kilómetros de niebla. Recuerdo muy bien todo aquel asunto, que estas palabras pueden quizás exagerar, pero fueron dos años en donde aprendí el valor de un filo cortante.

Poniendo las cosas en claro, siendo desgraciadamente repetitivo y fatuo, volveré a joder con el asunto de siempre, atravesaba la ruptura con mi enamorada, situación que no encontraba cómo afrontarla. La verdad es que esto era sólo el detonante de un enumerado grupo de problemas, de fantasmas que me perseguían desde mucho tiempo atrás, fantasmas a los cuales nunca me atreví a enfrentar. No me permito decir más, porque simplemente no encuentro palabras para explicarlas, o porque quizás aún no estoy listo para narrarlas y ya desde ahora siento todo el peso del fracaso de estas líneas, que parecen atrapadas en una red de insípidas emociones. Desde ya siento que no estoy logrando nada de lo que pretendían estas líneas catárticas. Aun con esto, contra todo pronóstico al buen gusto, continuaré. La noche del 31 de Octubre del 2008, después de haber visitado Quilca, después de haber estado en una reunión que francamente me pareció desagradable, regresé a mi casa en un estado de neutralidad aparente, que yo mismo me la creí. Era de madrugada, y ya para entonces era primero de Noviembre, de un momento a otro sentí cómo iban escapándose de mí las fuerzas, y me descontrolo, me altero. Mi padre, a quien me lo encontré al llegar a casa, intenta calmarme, quiere saber qué es lo que me pasa, por qué es que de pronto me pongo virulento y comienzo a insultarlo. Yo recuerdo haber sentido una ira incontenible, producto de tantas memorias de maltrato e indiferencias por parte de mi padre hacia mí cuando era un niño. La verdad, todo era insostenible, yo había bebido de más y sufría de más también. Hice tanto ruido innecesario que los gritos llegaron hasta la habitación donde mi madre dormía. Ella salió alterada por el disturbio acrecentado por mis golpes a la pared. Quería tantas cosas, quería vivir de otra manera, porque hacía tanto tiempo que me aburría con facilidad de todo, absolutamente de todo. Luego de haber superado, en cierta forma, las horrendas noches de ruptura amorosa pensé que lo peor había pasado ya, pero no contaba con las interminables horas de aburrimiento que vendrían después, todo iba careciendo de sentido para mí, abandonaba todo o todo me abandonaba. Cada día al amanecer lo único que hacía era buscar una razón, tan sólo una lo suficientemente valiosa para despertarme y vivir, vivir. Pero cada día se me hacía más difícil hallar esa razón de rescate. Durante el enfrentamiento verbal, que por poco llega a lo físico, mi madre aterrada queriéndome calmar, intento explicar con claridad la ira que llevaba dentro, la eterna búsqueda del sentido, mis interminables llantos, mi fracaso con lo alegre en el mundo.

Le digo a mi padre que veces quisiera morirme, que a veces pierdo la noción de las cosas, que todo en mí va perdiendo valor, le intento explicar que estos deseos no son recientes, que desde mi niñez estos pensamientos me acompañan, pero que ya no aguanto más, que a veces quiero morir. A lo que él responde que me mate entonces, que no le interesa. La rabia ante esa respuesta, que fue más bien un reto, porque me retó aquella vez Hazlo pues si te atreves, a mí no me importa. Hazlo pues. Hizo que corriera, no escuchando los ruegos bañados en lágrimas de madre, pidiéndome que recapacite, que no haga nada. Camino con violencia, sin importarme nada hacia la cocina, pienso para mis adentro que ahora verá, que quién se cree él para decir Hazlo si te atreves ¡No! Quién se ha creído que es, yo que intentaba confesarle que me siento así, que no aguanto más. Llego a la cocina y abro un cajón buscando algo, cualquier cosa con que hacerme daño y demostrar de lo que era capaz, que no me hubiera retado. Encuentro un cuchillo, mi madre al ver el objeto no aguanta su miedo y sus gritos, me implora que lo deje por favor, que no me haga daño. A mí ya no me interesaba nada, la verdad es que no tenía la convicción de matarme, no era la idea primaria, pero no me importaba si al cortarme moría, simplemente no me importaba vivir o morir. Me acerco donde mi padre, no recuerdo su rostro en ese instante, pero según me dijo, estaba muy asustado de que me pasara algo. Sé que me paré frente a él, cogí el cuchillo con fuerza, alcé mi brazo izquierdo y con la mano derecha dirigí el arma hacia mi muñeca. Todo fue tan suave, cada recorrido del metal recorriendo mi piel, ese tacto impuro de la muerte, la libertad que sentí me impidió escuchar los gritos de mis padres, la desesperación de mi madre, hasta que el cuchillo cayó con mi sangre al suelo teñido de rojo. La hemorragia fue fuerte y manchó toda mi ropa, parte del suelo de la sala y la memoria de la vergüenza. Las manos de mi madre apretando fuerte con un paño mi muñeca, limpiando y frenando la incontenible sangre que salía de mí. Recuerdo también a mi padre intentando acercarse a mí y yo gritarle e insultarle, alejándolo de mí, impidiéndole acercarse a mí, lo veía agacharse y limpiar el piso de la sala diciendo ay hijito por qué por qué, yo lloraba y todos lloraban. Intentaron llamar a los bomberos pero afortunadamente la hemorragia cesó su sangrado y los cortes no llegaron a ser en lugares que pudieron haber sido mortales. Luego simplemente, quizás debido a la sangre que perdí, perdí la conciencia y desperté adolorido en mi habitación. Ese día, o sea posterior mi intento suicida, había una reunión familiar en mi casa, nadie dijo nada, nadie se enteró. Mis padres no quisieron preocupar a nadie, decidieron que eso se debía quedar entre ellos, entre nosotros. Cuando abrí los ojos mi tía estaba al lado mío, nunca vio la heridas en mi muñeca, sólo me vio, me preguntó si estaba bien y se retiró, luego llegó mi madre, pidiéndome perdón por tantos años de sufrimientos vividos, me hizo prometerle que jamás lo volvería a intentar, que buscaríamos ayuda profesional, que por favor la perdone que nunca más, nunca más por favor. Posteriormente, en la noche, mi padre y yo hicimos las paces.

Nunca más he vuelto a intentarlo desde entonces, creo yo que hora tengo los motivos reforzados, los de vivir, las penas presentes, pero la sonrisa ahora pasea, deja rastros de su existencia. Obviamente, después de lo sucedido, las marcas quedaron, horribles cicatrices que se debían eliminar. La razón pues, el motivo de aparición de la concha de nácar se resume a borrar de mí aquella noche triste para el alma. Una amiga, que se enteró de lo sucedido, me lo regaló. Desde esa vez la llevo a todas partes, y la unto sobre el pasado de mi pena, las heridas prácticamente se han borrado, casi igual que las penas. Y es cierto, la llevo casi siempre conmigo, en mi morral, y es por eso que un día en que a mi morral le cayó un poco de gaseosa, un amigo gentilmente sacó todos los objetos que estaban en mi morral, para que no se fueran a mojar, y descubren ahí mi “famosa” concha de nácar. Todos rieron pensando que la razón de esa crema se debía al hecho de sólo cuidar mi piel, a un acto “metrosexual”. El asunto fue tan cómico que hasta yo me lo creí, olvidándome por completo el verdadero origen de esa crema en mi morral. Aquella triste historia detrás de esa inocente y graciosa broma.

martes, 4 de agosto de 2009

A LA IGNOMINIOSA MUERTE DE 150 ÁRBOLES CHORRILLANOS


foto tomada por Vanessa Geldres


Aproximadamente a las 6 de la tarde, hace algunas semanas atrás, un vecino mío de la urbanización de Los Cedros de Villa, en Chorrillos, me propuso recuperar el parque de nuestra zona, lugar que ha ido deteriorándose con el paso del tiempo y con el paso de nuestra insoportable humanidad. La idea tan llena de vida y optimismo me convenció.

-Pero yo no sé plantar nada. Le dije.

-No importa, la cosa es ponerle ganas nomás.

La vitalidad de este señor, al que me halaga poder considerar como un amigo, es envidiable, respetable y lamentablemente hasta anacrónica. Pero al anacronismo me sumo si con ello, practicar actos de resucitación de áreas verdes se hace en algún momento algo palpablemente verde, si logramos en algún indeterminado momento restaurar al fresco tomate colgando desde una trémula rama, los pinos de alturas quijotescas donde trepaban niños con la ilusión de robarles algo de altura. La nostalgia que me apresa al recordar que fui testigo de un parque que ya no es y que lucha por ser y agoniza un futuro.

Propuestas como la de este vecino mío, quien además es padre de un orgullo de amigo, resulta en tiempos como los que estamos viviendo una verdadera dosis de esperanza, pero lamentablemente, atención con este “pero”, el acto pestilente, desnudo de toda lógica sucedido en Chorrillos la madrugada del martes 4 de Agosto, no hace más que devolvernos a nuestra realidad, un túnel oscuro y tétrico de donde la esperanza no halla luz que la salve, un espacio que Sabato nos describió a pulso de pesimismo y genialidad literaria. Cerca de cien policías y personal del municipio de Lima talaron, asesinaron, 150 árboles de la prolongación Paseo de la República, ante un grupo de vecinos estupefactos, cuyas únicas armas era la incredulidad y una bata. El alcalde ha reconocido, según señala El Comercio, que hubo una falta de comunicación y que en reparación a esos árboles se sembrarán unos tres mil más. A todo esto, la presencia casi fantasmagórica del alcalde de Chorrillos, Augusto Miyashiro, se hace esperar, pero pareciera ser su cuerpo una ficción solo hecha carne en vísperas electorales. Se reclama un poco de cordura al municipio de Lima del señor Castañeda, y un poco de presencia, digamos, para cerciorarnos de que el alcalde de Chorrillos sigue vivo.

miércoles, 29 de julio de 2009

CHARLY VUELVE A GOLPEAR(nos) Vuelve un Grande


Han pasado fiestas patrias, he regresado de un viaje, gratificante y punzante en algunos casos pero sobre todo abrigador y amical con la gente que adoro, de la ciudad de Huacho (historia que por el momento optaré por postergar su merecida narración) He huido de tantas cosas; como del estudio, la universidad, la familia. He huido de la ciudad que amo y detesto hasta los huesos y de la cual siento que soy grata y recíprocamente percibido. He logrado escapar pues de lo que significa fiestas patrias en Lima, las ignominiosas fiestas patrias y al regresar ayer en la tarde he podido ponerme al día en algunos detalles, como del mensaje presidencial y algunas “cosillas” más, como del robo al chef Gastón Acurio. Pero basta, la intención de este pseudo comunicador no es hablar de esto. A mi regreso, en mi intento de almacenar datos importantes del acontecer limeño, me doy con esta grata y sorpresiva noticia. Y es que para los amantes religiosos de este músico, a quien muchos lo elevan a un nivel de personaje cultual, esta noticia es realmente acogedora y vibrante. Según los numerosos datos que me han llegado a mi correo he podido enterarme que Charly García, el genial músico argentino de oído absoluto, planea reiniciar su carrera musical dando algunos conciertos, y sería probable que en el mes de Setiembre, el hombre que rechazó usar “botas locas” nos visite y disfrutemos de ese placer orgiástico que nos ofrece un buen rock and roll.

martes, 7 de julio de 2009

ALMODÓVAR PARA TODOS.

Selección de sus mejores películas. Elección muy parcial y a My Way:
























Disculpen si dejo algunas de lado, algunas que definitivamente deberían estar, pero ahi va el intento.

domingo, 21 de junio de 2009

SI VOLVIERA A TENER ENAMORADA


Ella es una buena amiga, o quizás más o una intención noble con mucho de inhibición y poco de acción. Pero digamos que ella es y punto. Ceci, por no decirle Cecilia, es tan linda y tan poco fea y por mucho que lo intento, porque han pasado los años y han pasado los llantos como ríos que me digo y por qué no, por qué no ser más que amigos. Por qué no intentar algo y quererla y llevarla al cine y cogerle la mano como en ocasiones lo hago, pero cogerla sin sudar tanto, si es posible, por favor. Ceci habla mucho y me divierte, me engríe, me entiende y me engaña diciéndome que soy un chico bien, que cualquiera quisiera estar conmigo porque soy un chico buena onda, lindo, inofensivo, que Rocío es una tonta por haberme dejado cuando más la necesitaba. Pero ella no sabe que el tonto fui yo y que lo sigo siendo mucho, ella no sabe de mis depresiones, no me ha visto realmente así, no sabe, por más que se lo he dicho, que me pongo insoportable, que hasta celaba a la pobre Rocío con mi mejor amigo. No, ella no sabe o no quiere creerlo, ella insiste e insiste que soy un chico bien, que Rocío es una tonta tonta, pero no, yo insisto, el tonto tonto fui yo.

Pobre Rocío, cuanto la hice sufrir por mis inseguridades y mis penas, y ahora cuanto la extraño, pero han pasado ya tantos días que sumados a semanas y a meses, hacen el total de un año que la extraño y que sigo diciendo lo tonto tonto que fui. Lo bueno es que Ceci, desde que ha aparecido se ha convertido realmente en una salvadora, en una terapeuta extraordinaria, comprensible, querible, en una terca total que insiste en ver sólo lo mejor de mí. Lo bueno sería que vea mi otro lado, para que no se espante luego, irle presentando de a poquitos mi dark side. Decirle, Ceci, mira, yo a veces soy un poquito así y otras veces un poquito asá, no siempre soy lindo. Ceci linda. Mi amiga, linda, tierna, muy centrada en sí, excepto cuando está distraída y se descentra un poco, se aturde, se nubla, se tutea con los sueños. Ceci linda, se engríe y quiere presentarme a chicas lindas, porque yo sería un buen enamorado para cualquiera, porque soy muy comprensible, muy sensible y otras falacias inocentes más. Ya pues Martin ¿Hasta cuándo? Me dicen mis amigos, y me planteo la posibilidad, tanteo las consecuencias y mido los efectos y afectos. Me pregunto pues ¿Y si volviera a tener enamorada? ¿Qué pasaría? Y me respondo, la verdad es que veces la necesito, a veces extraño extrañar a alguien. Probablemente me aprendería de memoria su número telefónico, le inventaría muchos diminutivos para llamarla, le escribiría Prosas para un amor como lo hice con Rocío, volvería a leer a Cortázar, a Nabokov para robarles unos versos y aprender a escribir como se debe. Quizás la leería y le guste y me llore y me devuelva el texto diciendo sentirse que no la merece, pero se lo merece todo, toditito ito, y se lo escribiría con todo el corazón, con esa sinceridad con la que Rocío me quiso y con la que Ceci me ve tiernamente desfallecer al lado de un vaso, iríamos al cine y nos amaríamos en la oscuridad, en los baños, en los parques.

También y eso es cierto, a partir de la próxima semana empezaría a llamarla insistentemente los domingos esperando que me conteste a la primera llamada, esperaría ansioso que me diga que me extraña, la empezaría a cansar con mis dudas y mis preguntas, insistiría en que necesito ayuda. Pero también es cierto que he cambiado, que ya no soy la misma pregunta sin respuesta que era antes. He aprendido, no queda otra, por eso quizás ya esté preparado para intentarlo nuevamente, y para cagarla otra vez, pero antes de cagarla seríamos divinos, iríamos a galerías de arte, visitaríamos los teatros de Lima, nos burlaríamos de los huachafos que abundan en el mundo, cantaríamos Hey Jude, le compraría helados en el parque Kennedy de Miraflores, en las noches comeríamos tacos en La Casita. Sería tierno, la mimaría y la besaría y luego la cagaría, porque soy el resultado de todas mis pequeñas cosas. Pequeña Ceci, cagarla contigo es enmudecer, es borrarte de mi lista de contactos en mi correo electrónico, sería esperar afiebradamente una llamada tuya a mi celular, sería compararte con todas las chicas y encontrarles parecidos y verte con un peinado y con otro y descubrirte única en la calle Pardo. Fumaría más de lo que hago ahora, porque, Ceci, yo no soy de fumar así como lo hago, créeme, este hábito es lo que me queda de Rocío, lo que me queda de su mundo sensible, mundo en donde yo fui un tonto tonto. Ceci, no me presentes a nadie, no me hagas crear situaciones de arrepentimiento, porque así soy, así me parió mi madre, como un fracaso lindo, como una ternura que entristece. Pero antes, recuérdalo, podríamos ser divinos. Esto es lo que pasa conmigo, Ceci linda, mi ficción a tus pies, piénsalo bien, yo lo estoy pensando bien, sé lo que podría pasar si volviera a tener enamorada, pero claro son suposiciones mías y sólo mías, no estoy viendo claramente tu participación en esto, quizás no me dejes ser el canalla que suelo ser, quizás funcione y caminemos siempre en el parque Kennedy, y quizás algún día entiendas que Rocío no fue ninguna tonta tonta, te encantaría conocerla, porque ella es linda linda y muy inteligente, con un comportamiento muy sui generis y tiene unas muecas graciosísimas. Te gustaría Ceci, ahora disculpa estas tontas divagaciones mías, disculpa por inventarte, pero es que a veces uno se siente tan solo, que es necesario tener a una Ceci como tú al lado.

jueves, 11 de junio de 2009

DATOS SOBRE LOS AWAJÚM-WAMPIS

El siguiente texto ha sido tomado de la portal : http://www.co.terra.com/terramagazine/interna/0,,EI8868-OI3814296,00.html
Paola UgazLima, Perú
La antropóloga Luisa Elvira Belaunde, con un doctorado en conocimientos de la Amazonía, trabaja actualmente viajando entre las ciudades de Lima y Salvador, en Brasil. Terra Magazine la entrevistó sobre las diferencias culturales que separaban a los indígenas y los policías que participaron en la asonada en Bagua, en la selva peruana, y en particular por la etnia awajún-wampi, la más visible en la resistencia a las medidas aprobadas por el congreso peruano respecto del manejo de los recursos amazónicos.
¿Quiénes son los awajún-wampis?
Los awajún son gente como uno. Quieren que sus hijos se críen sanos, trabajadores y alegres. Tal vez no hablen el castellano igual que la gente en Lima, tal vez lleven adornos diferentes a los nuestros, pero son gente como uno, como todos los peruanos.
Lo que los hace diferentes es que ellos mantienen viva una lengua antigua, milenaria, y conocen la selva de manera íntima. Tan íntima que para ellos la selva, los ríos, las plantas y los animales no son meramente cosas sino personas.
¿Cómo viven los awajún-wampis?
Puede parecernos raro a nosotros que vivimos en las ciudades, pero para ellos, somos nosotros los extraños porque vivimos rodeados de meros objetos sin vida. Calles casi sin árboles, casas con paredes de cemento frío, muebles de plástico, meras cosas con los cuales no podemos conversar ni soñar.
Eso es un gran impedimento, porque para los awajún, es a través de los sueños que se aprenden las cosas más importantes, que se escuchan el consejo de los antepasados y se reciben los poderes de los espíritus. Por eso los grandes sabios y sabias del pueblo awajún, son los soñadores, los que saben comunicarse con el pasado y todos los elementos del entorno.
¿Cuáles la visión de los awajún-wampis sobre lo que nosotros llamamos el medioambiente?
La historia del pueblo awajún está íntimamente entrelazada a la historia de la selva y los ríos que habitan y con los cuales se comunican para vivir una vida plena. Cualquier decisión que atañe su selva y sus ríos los atañe a ellos mismos.
Para comprender a los awajún antes que nada, entonces, hay que dejar de lado esa extraña locura nuestra, de la gente de las ciudades, esa manía que tenemos de pensar que los árboles, los ríos, las aves, los peces y los animales de la tierra no son sino cosas que uno puede tomar, utilizar o dejar sin que estos sientan nada. Es nuestra manía hacer de nuestro entorno una cosa, negarle la vida, negar que es parte de nosotros mismos y que el daño que le hacemos al entorno nos lo hacemos también a nosotros mismos. Tal vez no queremos admitir que al rodearnos de meras cosas sin vida, nos hemos privado del derecho a una vida más plena.
¿Quién aprende de quién, y quién se niega a aprender de quién?
Para las familias awajún, mandar a sus hijos a la escuela a que aprendan a leer y escribir y puedan ser como todos los niños peruanos es una prioridad. Ellos no escatiman sacrificios para mandar a sus hijos a la escuela, para conseguir el dinero para comprar sus pocos cuadernos y sus ropas de estudiantes. Y allí en la escuela, sus niños aprenden sobre la gente de las ciudades, aprenden a defenderse, como suelen decir, para no dejarse a engañar como ya fueron engañados sus antepasados muchos veces por la codicia de personas inescrupulosas de las ciudades que sólo pensaban en utilizarlos, como si en vez de ser plenamente humanos fuesen solamente cosas. En la escuela que el estado peruano ha colocado para ellos, ellos han aprendido a defenderse como ciudadanos peruanos, y muchos de ellos han demostrado su fidelidad total al Perú protegiendo las fronteras del país en los conflictos armados con el Ecuador de las pasadas décadas. Son excelente guerreros, si, eso lo han demostrado muchas veces como soldados defendiendo al Perú, lado a lado con ciudadanos peruanos de todas partes del país.
¿Entonces, si los awajún han aprendido de la gente de las ciudades, por qué la gente de las ciudades no podemos aprender de ellos?
-Todos somos plenamente peruanos y plenamente ciudadanos, ¿por qué tenemos siempre que pensar que la gente de las ciudades somos quienes siempre tenemos la razón? Los awajún no se oponen al progreso del país, pero si se oponen a que se les separe de su selva, sus ríos, sus plantas y sus animales, porque ese entorno hace parte de ellos mismos, y así como ellos no pueden ser tratados como cosas, la selva tampoco puede ser tratada como una mera cosa.
Ellos quieren un lugar donde vivir y donde soñar. Quieren sus comunidades y sus tierras, y quieren un progreso que no signifique polución, donde no haya derrames de petróleo, donde no haya falta de alimentos ni enfermedades. Ellos quieren ser escuchados así como ellos han escuchado a la gente de las ciudades, así como ellos han escuchado a la selva y los ríos. Olvidémonos de nuestra locura, de nuestra manía de hacer de los seres vivos meras cosas.

sábado, 6 de junio de 2009

SOBRE BAGUA


Hay una obligación moral que uno no puede callarse. Han muerto innecesariamente policías y nativos de la zona de Bagua, pero para el gobierno sólo hay un responsable: los nativos salvajes. Para Mercedes Cabanillas sólo existe un merecedor de culpa: los nativos salvajes. Para García sólo existe un grupo egoísta que no desea ver el “progreso” de su país y ese grupo son: los nativos salvajes.

Hay que desmenuzar algunas cosas, con lo poco que sé, no se trata de “nativos salvajes”, no se trata de catalogar con un término tan fácil y tan occidental. Hace falta, por lo tanto, alejarnos un poco de ese equipaje cultural de occidente que nos envuelve para comprender un poco mejor el asunto. Ya hace mucho tiempo, intentos de colonización se dieron en diferentes zonas de la amazonia, sí sin tilde en la “i”, esos intentos fallaron. Desde tiempos prehispánicos, tiempos coloniales, con las misiones cristianas, y en tiempos en donde el caucho auguraba un bienestar económico.

Las consecuencias fueron inalterables para las formas de vidas amazónicas, el impacto ambiental y cultural ha sido y es irreversible. Ya anteriormente empresas petroleras han intentado penetrar suelos vírgenes de la bota exploradora, los nahua son un ejemplo claro de ese intento petrolero, los diarios en aquellas época anunciaban al respecto sobre el descubrimiento y ataque de una nueva “tribu” en el Amazonas. Hubo muertos en aquella ocasión. El I.L.V (Instituto de Lingüística de Verano) acudió a la zona con el fin de investigar aquel grupo y sus características lingüísticas. Lamentablemente algunos se contagiaron de una simple gripe, que para un sistema inmunológico que no conoce este tipo de enfermedad fue mortal, y el saldo fue de numerosas muertes. Los nahua acudieron a la zona de otro grupo nativo, los Yaminahua, que ya tenían contacto con los científicos y otros del mundo occidental, por lo cual su proceso de aculturación ya había empezado.

El jefe de aquella comunidad sirvió de intérprete para los médicos que fueron a la zona a intentar evitar más muertes por una gripe que casi se convierte en epidemia. El resultado fue que muchos de los nahua abandonaron su lugar de origen y se establecieron donde estaban los campamentos de los médicos en la zona del otro grupo nativo, lo cual generó una relación de dependencia, ya que los nahua siendo un grupo cazador y recolector necesitaban de un buen estado físico para realizar sus funciones, estado el cual no poseían por debilitamiento que les ocasionó la enfermedad.

Éste es un caso típico de un proceso violento de intromisión en las zonas, cuyo contexto cultural es muy diferente al que vivimos. El factor de Derecho que reclama la Ministra Cabanillas escapa al análisis antropológico que seguro no maneja, o ignora o prefiere ignorar en aras del “progreso peruano”. El concepto de Derecho surge de los planteamientos de justicia, de lo que es justo dentro de una sociedad. Por lo tanto no se puede pedir a una sociedad de contexto cultural diferente, que implica costumbres, creencias y formas de vida distintas a las practicadas en Lima, que piensen que lo que es justo para nosotros deba ser también justo para ellos. Ya se ha explicado detalladamente lo que implica ejercer normas legales en contextos culturales donde la noción de justicia y ejercicio de ella difieren de las nuestras como el en el libro de Antonio Peña: “Justicia Comunal en los Andes”, de la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde el autor agrega lo siguiente: “Podemos decir de la justicia que se trata de aquella armonía u orden, de la cierta congruencia, proporción o equidad, y hasta de una cierta relación armoniosa con el cosmos, que abstraen y perciben los individuos de un grupo social.” Más adelante contextualiza: “En tal sentido, es necesario referirnos previamente a lo que entendemos por grupo social. A partir de esta explicación procuraremos ingresar a la parte más difícil y conflictiva del análisis, que consiste en entender la manera cómo se elabora el concepto de justicia al interior del grupo social. Procuraremos entender cómo es la justicia, distinguiendo al final los planos de abstracción, percepción y materialización. Después de ello, por último, recurriremos a precisar que la justicia no es igual para todos los grupos sociales y que, por lo demás, cambia históricamente”.

La OIT en su Convenio N 169, redactó numerosas leyes que protegían los derechos de los pobladores amazónicos, entre ellos los siguientes:

“ARTÍCULO 5:

Al aplicar las disposiciones del presente Convenio:

a) deberán reconocerse y protegerse los valores y prácticas sociales, culturales, religiosos y espirituales propios de dichos pueblos y deberá tomarse debidamente en consideración la índole de los problemas que se les plantean tanto colectiva como individualmente;

b) deberá respetarse la integridad de los valores, prácticas e instituciones de esos pueblos;

c) deberán adoptarse, con la participación y cooperación de los pueblos interesados, medidas encaminadas a allanar las dificultades que experimenten dichos pueblos al afrontar nuevas condiciones de vida y de trabajo.


ARTÍCULO 6

Al aplicar las disposiciones del presente Convenio, los gobiernos deberán:

a) consultar a los pueblos interesados, mediante procedimientos apropiados y en particular a través de sus instituciones representativas, cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles directamente.”

Hay aquí algo que francamente apesta, las muertes innecesarias, a los policías no los mataron unos “nativos salvajes”, a los “nativos salvajes” no los mataron los policías, ambos fueron asesinados por el poder y la ignorancia de un gobierno más ciego que Borges en su ancianidad, pero jamás tan sabio.

jueves, 4 de junio de 2009

LLÁMALO CINE SI QUIERES


Cuando se trata de nombrar las cosas que existen en ese inmenso y casi elitista mundo de los solitarios, ya sea por elección o por decreto humano, que les puedan gustar, no resulta ser una tarea difícil. Simplemente porque no hay por dónde extraviarse, no damos razones para eso. Quizás sea esa una de las razones por las que no sea tan difícil saber qué es lo que me gusta, puede que sea una prueba irrefutable de mi condenada soledad, ya sea por elección o por decreto humano. Es una forma de estar en paz con el mundo y declararle la guerra a todo aquello que significa uno mismo. No aguanto las multitudes, a menos que no hablen, no respiren, no me miren. Pero increíblemente, no aguanto estar solo.

La paradoja más acertada que pueda explicar este sentimiento la encuentro justamente en uno de mis pocos placeres, de aquellos notorios, que es cuando desaparezco en el mundo de todos, en una habitación grande, rodeado de personas a quienes no les importa un pedazo de hombre que tengan al costado, que está tan sólo para que una pantalla le cuente una buena historia, y si es posible, si la historia es realmente buena, salga de esa habitación gigantesca, más pensativo que nunca y tal vez más solo que nunca.

Mi pasión por el cine es antigua y hereditaria, por parte de mi abuelo, que solía vivir en Atocongo, cuando trabajaba para una empresa dedicada al comercio de cemento. La más importante distribuidora de cemento en el país. El viajaba desde ahí, un sitio bastante lejano, hasta el centro de Lima, a veces iba solo, otras veces con sus hijos. Quien más me cuenta de eso es mi padre, de cómo él los llevaba al cine, mas nunca o casi nunca tenían ellos la potestad de elegir qué película ver. La elección ya estaba tomada y John Wayne estaba esperando, acariciando su arma, preparando la pólvora, hasta que mi abuelo se sentara en su butaca y oyera los primeros disparos y el primer relinchar del equino. Ese placer por los silencios humanos, sin nada más que el ruido de una pantalla, de un dialogo, esa oscuridad cómplice, ese mundo de ficción en que nos envolvemos durante dos horas es un momento que nadie le quita, que nadie nos quita.

Mi abuelo ya no va al cine, ya no es la vieja y espaciosa sala de antes que lo abrigaba, ahora es más chica y hace un frío de mierda… ya no es como antes hijo… y tiene toda la razón, nada es como antes, probablemente ni yo soy como antes. Extraño en ocasiones a ese pasado que parecía soportarlo todo, pero no podría volver a encarar ese personaje grotesco y oscuro, no podría vestir nuevamente aquella mascara inexpresiva, aquel tormento desprestigiado por las horas. A veces extraño ese olor cálido y ese entorno túrgido alrededor de un abrazo. Cuando una extremidad mía cobra vida propia y enlaza con el cuerpo de alguna bella razón de luchador y terco creyente. Es eso, simplemente creer, abandonar toda razón, todo axioma y nada más entregarse. Mi abuelo sabe hacer eso, él no las razonaba ni las criticaba, él simplemente disfrutaba, se entrometía en el drama y era capaz de avisarle a Burt Lancaster si algún maldito pirata se atrevía a atacar por la espalda. No importa nada más.

Nadie más en la familia heredó su gusto por el cine, a excepción de mí, pero hay una diferencia. Y es que creo que para él el cine representaba unas vacaciones de lo real y dar un paseo breve por la ficción, extendía su mano y esperaba ser llevado de un mundo a otro como un niño que explora feliz. Por mi cuenta, yo no busco un paseo, busco un rescate. Esa es una diferencia muy importante a tomar en cuenta, el cine me aleja y me camufla. He compartido mucho con el territorio de lo impalpable, es lo más parecido a una relación. Se gasta, se invierte, se goza, se llora o se ríe, al final suelen ser ambas y luego, de repente, todo acaba en medio de una multitud que no saben que existes.

Uno va, elije que el momento sea así, yo elijo la historia que quiero que me sea contada, y consciente o inconscientemente decido qué estado anímico deseo que se me sea impuesto, de manera fina y cronometrada. Uno va, solo. Hubo tiempos en donde solía ir acompañado. Iba así, andaba así, despidiéndome y despedido. Uno camina lentamente, es asediado por unidades de imágenes, de colores. Todo significa y todo se entorpece, porque no importa nada, no hay nada qué analizar, uno va para disfrutar, pero yo voy para que me rescaten. Es cierto, pero no siempre fue así. Ir acompañado tiene sus ventajas, sus propias historias y sus propios guiones. Yo sería una obra lograda de Woody Allen o un nuevo cartero para Neruda, si me dieran la oportunidad, sería hasta el mismísimo Humphry Bogart y yo sí que lloraría.

Sigo caminando y extiendo sabiamente mi mano y pronuncio sabiamente, mientras mis labios dibujan excitación, aislamiento, el nombre de la película, como lo hago siempre. Ir acompañado tiene sus ventajas, no sólo son guiones aparte, son trampas contra la quietud y el pensamiento, porque yo sí las critico y las razono. Pero las razono en base a mí, sólo a mí y cuando ejerzo alguna otra función que no fuera una crítica en base a lo que esa película se atrevió a descubrir en mí lo demás carece de sentido.

Todo debería carecer de sentido, la razón sólo me ha traído a estas inmensas salas a esperar ser olvidado, sin embargo qué bella es la razón, qué bella es la emoción, qué bello es Einstein y qué lindo es Bryce. Ir acompañado tiene sus ventajas, en especial cuando cumples tu objetivo y eres uno con el espacio y todos los demás son uno con otro uno… Mickey Rourke ha resucitado, sigue vivo el hijo de perra… Uno va solo, antes con amigos, antes con sus pies, sus medias de colores y sus zapatillas sucias, antes con amigos, antes con sus lentes, sus muecas, antes de ella nada más…ha vuelto y con qué película…la habitación me acoge, yo quiero preguntar si hay espacio para mí esta noche. Como ustedes verán a mí me gusta el cine…es quizás la mejor actuación del año, un verdadero luchador…Soy bueno, trato de no herir a nadie, pero a veces, a veces simplemente es mejor dejarme en paz, pero increíblemente no aguanto estar solo…realmente me ha conmovido…Cuando acaba todo es realmente inquietante, uno se perfila, se acomoda a su necesidad, se convierte en el actor que lo ha impactado, yo soy Mickey Rourke, nadie me discute eso, me he ganado el derecho. En mi cabeza aún quedan grabadas las diferentes conversaciones de algunas parejas, instantes antes de que empezara el largometraje, diferentes momentos de la relación, discusiones idiotas, risas idiotas, besos idiotas, pero al final, cuando todo acaba, no importa que yo sea ahora Mickey Rourke, simplemente se encienden la luces y observo a muchas personas irse juntas, besándose y recuerdo con nostalgia que antes yo era uno de esos, uno de esos desagradables sujetos, que antes alguien me besaba en la boca y no importaba nada más.
Así, nada más que eso, que todo acabe y todo se silencie brevemente, que abran las puertas y que la noche y la lluvia mojen incasablemente mi cabeza. Todo es silencio y el frío, el frío debe ser parte del guión, algún tipo de acuerdo entre lo mágico y lo ordinario. Caminar me hace feliz, andar, existir en cada intento de gota. Soy uno con el invierno, debe ser cosa de la melancolía o que la extraño. El beso, también debe ser eso, debe ser que me gusta extrañarla. Realmente me ha conmovido. ¡Oye! Realmente vale la pena.