jueves, 30 de octubre de 2008

LITERATURA LO QUE ME PASA A MÍ





Digamos que yo no creo en el destino novelesco que las fantasías otoñales otorga a los soñadores y despistados amorosos, pero ¡JODER! (disculpen la españolada) maldito Sófocles el de hoy que me encarceló en medio de una lluvia parisina en Miraflores, si, una lluvia parisina en Miraflores (vale aclarar, claro está, que en Lima no hay lluvias y claro está tampoco conozco París, pero era una lluvia parisina en Miraflores)y a mí con las cien preguntas del inquisidor frente a su puesto de trabajo y juro que por primera vez se me antojó pedir un ristretto, cuando estaba ahí tan mojado y solo, evaluando los pro y los contra ¿entro o no entro a verla? Y juro nuevamente, sobre mi agnosticismo, que no quería ir a su puesto de trabajo a buscarla y a decirle que aún la amaba, aunque la odiaba, lo que pasa es que mi oráculo griego de cuatro ruedas se empecinó conmigo esa vez y tomó un rumbo diferente al que suele tomar. Yo estaba leyendo una biografía de Sabina, que orgulloso me siento de habérselo presentado (mediante canciones obviamente) iba por la página doscientos cincuenta, cuando alzo mi cabeza, por el calor que hacía, miro por la ventana y observo el nombre de la calle: Miguel Dasso.

Confieso que yo había estado intentando averiguar donde quedaba aquella dichosa calle dónde ahora trabaja, en ese maldito café yanqui donde a veces confieso sentirme muy cómodo, aunque un simple jugo de naranja me cueste seis soles a lo que prefiero pagar diez soles por una Fresa Creme Frappuccino.

Es verdad, lo había intentado, pero siempre diciéndome en nombre de la dignidad que me huye, que no iría y así lo decidí. Y aun con más convicción cuando mi amigo Raúl, que ofició en aquella ocasión de heraldo negro de la muerte, me dijo que había visto a mi ex con otro sujeto, QUE TE HABÍA VISTO CON OTRO, por la avenida Larco ¡AH NO, AHORA SI QUE NO VOY A VERLA!

Ipso facto me puse a llorar o quizá fue al revés, en fin, mis almohadas cómplices son testigos de lo que pasó la noche que me enteré que la habían visto con otro, QUE TE HABÍAN VISTO CON OTRO. En fin que ya habían pasado cerca de nueve meses, pero esperaba que me dieras un plazo de 19 días y 500 noches para poder olvidarte, ¿Es que acaso no recuerdas ninguna de las canciones que cantábamos juntos con Joan después de dar clases a los niños, la canción que hasta íbamos a cantar en mi cumpleaños número diecinueve? Pero no me diste ese plazo y ya solo me faltaban 19 días y 216 noches (creo).

Pues bien, para no desviarme del asunto….disculpen estos puntos suspensivos, disculpa estos puntos suspensivos pero es que acabo de recordar la última vez que te vi desnuda, disculpa la indiscreción no hablaré más de tu desnudez, no en esta ocasión, esa imagen la dejaré para mi entero confort… Disculpen ¿en que iba? Oh claro, vi el nombre de la calle: Miguel Dasso. No aguanté más, cerré el libro del ubetense con virulencia y lo guardé en mi morral, bajé del ómnibus y estaba perdido, es decir, estaba en la calle donde trabaja, pero no sabía en que endemoniada cuadra quedaba el café. Resignado me doy vuelta y observo obnubilado por la lluvia parisina (esta vez en San Isidro) que el local donde trabajas estaba enfrente de mí ¿Qué sentí entonces? Un frío antártico en mi estómago, unas ganas de vomitar en plena vía pública y un par de pies calzados de interrogaciones, no hice otra cosa que pensar en ti, mi querida Euge, como ya te lo he dicho: la amiga más literaria que conozco. Y cuando procedo a acercarme a un teléfono público, que se encontraba frente al Starbucks donde trabaja mi insomnio y mi alcoholismo, cuando procedo a sacar cincuenta céntimos de mi bolsillo mojado, un joven desconocido se me acerca y me ofrece el poco saldo que le quedaba en el teléfono publico, que lo usara nomás, sin pedir nada a cambio, que linda es la gente bajo la lluvia. Hago la llamada en la situación telefónica más rara que recuerdo en mi vida a la amiga “rara” más bella en mi vida, siendo lo raro para mí un elogio.

Afortunadamente somos cómplices, Euge, de gustarnos las reliquias parias de la sociedad, de la que se bebe en una botella o la que se envuelve en un cigarro, afortunadamente somos cómplices en eso y mucho más. Tu consejo, fue: ¡SAL DE AHÍ! Y fue lo que hice, no sin antes pararme con mi ropa mojada frente al café, reírme y llorar un poco, no, no lloré, pero me hubiera gustado hacerlo, porque quería hacerlo, pero no brotó nada aunque adentro mío sintiera que me ahogaba.

Así que me fui con mi lluvia en los pasos, buscando algún parque con el miedo latente de que en algún momento te encontraré (Raiza) dándole a otro las noches que tú me diste. ¿Te puedo pedir un favor, un capricho de viejo adolescente? Si le vas a dar a otro todo lo que me diste a mí, en eso incluyo los abrazos, las sonrisas, las lágrimas, los enojos, los te quiero, las reconciliaciones, los gritos, tu desnudez que he prometido no describir en estas líneas, si le das las caricias, los roces, el humo de tu boca, la saliva, tus pestañas, si le das la bendición de encenderte un cigarro, de ponerse celoso, de pagarte tus caprichos, de alimentarte, de barnizarte de besos, de lujuria, de cariño, sí le brindas un paseo bajo la luna llena, si dejas que él te escriba poesías y todo lo que se pueda escribir, si van a un hotel o un hostal, si comen un helado, si van a ver cuadros, si van al cine, si le vas a cantar tímidamente con tu voz infinita, si lo vas a mirar y preguntarle si te quiere, si le vas a decir que él si te entiende y no como en tu anterior relación, si le das el sexo que a mí me diste, si le das la preocupación de ser padre, si le das tus amigos, si le das tus secretos, si le das lo que no me diste… si lo amas, por favor, con la poca dignidad que me queda, que no sea en el malecón donde te amé y tú me quisiste, que no sea en las bancas del Kennedy que compartíamos, que no sea en el Centro Cultural de España, donde nos “culturizábamos”, que no sea en todos esos lugares donde quise creer que iba a envejecer contigo, aunque al pedir todo esto ya no tenga dignidad que cuidar.

Por cierto, lo olvidaba, después de salir de ese lugar, como tú bien me lo aconsejaste Euge, me fui a mis clases de ingles y conocí a un tipo muy curioso, debe tener sus quince años y quiere ser escritor ¿lo puedes creer? Encontrar a alguien que quiera ser escritor, que en estos días es una bendición, y más encima que le guste Sartre.

Terminada mi clase, me fui con mi heraldo negro, mi querido amigo Raúl, a comprar unas cervezas, pero me había olvidado que no tenía mi billetera. En fin un día sin dignidad, pero sí con mucha literatura y la literatura, mi querida Euge, es más dignidad que la dignidad misma, aunque algún día me gustaría perder la dignidad contigo, vos me entendés. Un abrazo.

PDTA: Un abrazo también a quienes creo también estarán pasando estos momentos, que espero francamente equivocarme, ¿Me entienden? Mi hermano Jean, mi hermano Jorge, mi hermano Bambucha, mi gran hermana Jenni. Que afortunadamente tenemos todo lo que se necesita para vivir la vida un poquito. Salud. ( esta lista ya está cambiando, afortunadamente)

4 comentarios:

Anónimo dijo...

no tngo palabras...más k un WOWWWWWWWWWWWWWW!!!!!GENIAL!

carlos dijo...

una amiga me invitó a leer este cuentito y me parece que estás por buen camino literario, te felicito...

bassuso* dijo...

ya esta, derrepente de agrada. www.elguettodebassuso.blogspot.com
jajaja

SUIMAR dijo...

recíen respondo a los comentarios. Gracias.