domingo, 15 de marzo de 2009

¿Cuánto tengo que leer para ser inteligente o culto?

Mucha gente sostiene que el leer te hace más culto e inteligente. Sin embargo, por mucho que lastime a grandes eruditos, me inclino a sostener que la cultura e inteligencia pueden tener un gran medio de expansión a través de la lectura, pero que esta no es una actividad primordial para ser más inteligentes o más cultos, sino que para serlo se necesitan habilidades previamente desarrolladas. Mucho se ha clamado en contra de lo que sostengo, pero no he visto a nadie que defienda tal postura que primero defina qué es cultura y qué es inteligencia. Todos dan por dado la claridad y evidencia de ello, algunos ni mencionan los términos explícitamente. Propongo, por ello, alterar dicha lógica e intentar, aunque cueste, dar una definición, siquiera aproximada, de ambos términos. No pretendo decir que daré las correctas (habría que ver, por otra parte, si es posible llegar a tales definiciones) tampoco que serán definiciones conceptuales irrebatibles e indiscutibles; al contrario, dejan al decurso explicativo que mantendré más expuesto para recibir ataques, pero, a la par, lo hacen más sincero también, más franco. Esos bosquejos terminológicos permitirán al lector saber qué es lo que realmente se maneja en el substrato de la explicación. Con lo dicho queda claro no pretendo amagarlo con retórica densa, ni juegos gramaticales laberínticos; que más allá de todo, están bastante lejos de lo que puedo realizar o alcanzar. Podrá alguno decirme que soy sincero con esos dos conceptos, pero hay una infinidad de términos que doy por dados y sentados implícitamente, yo le replicaría que tiene toda la razón. Le diría, sin embargo, que prefiero poner claros los conceptos que realmente me parecen relevantes y que resultan más controversiales. Espero con ello quedar eximido de tal responsabilidad.

Al intentar definir ambos conceptos, el problema más grave se perfila al proponer una definición del término cultura, qué es tener cultura, qué es ser culto. Los sociólogos y antropólogos seguramente se inclinarían a decir que, la cultura, es un sistema, y con sistema enfatizo la interrelación entre elementos, de creencias y prácticas sociales que comparten un conjunto de personas. Creo a esta primera definición de cultura, como término sociológico-antropológico, suficiente para la exposición. Pero la incógnita que aparece necesariamente es ¿Quién no sería culto en este respecto? Siempre estamos en un entramado de creencias y prácticas sociales, estamos en un lenguaje, somos seres políticos en ese sentido. Pero, con esta definición de cultura, el “más” resultaría inaplicable y absurdo, decir que alguien es “más culto” no significaría nada ¿Sería acaso más culto el que tiene más creencias o más miembros en su comunidad a seguir? Esto es, como digo, absurdo e incoherente, nadie sostiene que eso sea lo que haga de alguien más culto. No creo, por ello, que la noción de cultura, en el sentido que buscamos, pueda ser hallada en este ámbito. Nosotros, y creo que por aquí se perfila la respuesta, consideramos culta a una persona que puede darnos una amplia gama de información sobre un tema, que tenga, además, un amplio dominio de información sobre el tema al que hace referencia. Así, puede haber alguien que fuera el gran estudioso de los tiburones del atlántico norte, y sea una eminencia en ello, alguien cuyo dominio del tema no pueda ser rebasado. Imaginemos que se le pregunta qué opina sobre la política en su país y que no pueda dar ninguna reflexión, que se le pregunte sobre algo de filosofía y que tampoco sepa qué decir, que en historia y matemáticas esté en la misma situación; esa persona no sería considerada culta, por lo menos no en nuestro contexto.

La cultura, en este sentido, es cultural. Así los llamados “cultos” dentro de nuestro ser político ubicado, necesitan tener amplitud y profundidad en los conocimientos que consideramos más “prestigiosos”. Si alguien no sabe de cosmogonía o plantas medicinales asháninca, pero tiene dominio de política actual, de historia, filosofía, física, psicología y matemáticas, podrá ser considerado igual culto seguramente. Ello dependerá indubitablemente, también, del círculo en el cual se desenvuelven los interlocutores, si este es letrado o científico por ejemplo. Las matemáticas o la química tendrán más prestigio en un círculo social científico que en uno letrado, donde la literatura, la pintura o la filosofía pueden ser más prestigiosas. El ser culto es una categoría social, como tal está ubicada en un contexto determinado; así podemos hablar también de un “habla culta”, como un habla prestigiosa en un ámbito cultura, esta en nuestro caso es el habla académica posee tal prestigio, por ejemplo. En alguna comunidad no occidental es más importante saber de otros temas, seguramente el dominio de plantas y de magia sea lo “más culto”, o, es muy probable, que el concepto de cultura, como lo entendemos, ni siquiera sea aplicable en tales casos. El “ser culto” es una categoría cultural preeminentemente occidental, que abarca el conocimiento, amplio y profundo, de ciertos temas que poseen prestigio en el contexto en el que se desenvuelve el individuo; donde la amplitud refiere a la variedad de conocimientos y la profundidad al cómo debe estar sustentado.

Creo a la previa definición de “ser culto” suficiente por el momento, definición que examinaremos, nuevamente, posteriormente. Para nosotros una persona culta es aquella que puede tener gran conocimiento de temas académicos; y este es el conocimiento al que consideramos adecuadamente sustentado y prestigioso, es decir que se sigue de premisas que consideramos sólidas y que damos por sentadas socialmente; no rebato la veracidad o movilidad de las premisas, eso es tema de otra discusión. Es culto, por ello, quien tiene un amplio bagaje en el aspecto académico. Discutir la “academicidad” de algo, me parece poco apropiado en este texto, baste decir que la filosofía, la literatura, la psicología, la química, la física y otras son materias académicas; mientras el dominio de plantas medicinales por conocimiento ancestral o el esoterismo, no lo son. Diría que la cientificidad es el rasgo delimitante, mas sería incorrecto y apresurado aceptarlo. Ante la anterior disertación preferiré emplear, en lo que resta de exposición, el término “ser culto”, lo hago pues el término cultura podría causar la confusión con la definición sociológico-antropológica que más arriba expusimos.

Queda, entonces, definir inteligencia. Deje esto para después de la definición de cultura, pues considero que esa definición está más a la mano y es más sencilla. No quiero dar sustento a mi tesis con una definición etimológica, pues habrá muchos que me digan que no importa qué concepto se atribuía antes a una palabra sino como se conceptualiza actualmente,; considero, empero, que es interesante en este caso la etimología y que en este asunto una definición de este tipo puede dar luces sobre lo tratado. Inteligencia, deviene del latín inteligere, que a su vez podemos dividir en dos palabras de origen también latino: intus y legere. La primera podemos traducirla como entre y la segunda como escoger. La traducción, adecuada y hasta canónica para inteligere, sería elegir entre opciones. La inteligencia como la conocemos actualmente, es justamente ello, dar solución a problemas eficientemente, elegir una opción entre las que se manifiestan para un problema dado y que esta lo satisfaga. El índice de satisfacción o la eficiencia, son términos también dados por el ser político, por nuestra carga social, por el sistema de creencias establecido en una comunidad. En este sentido, se puede hablar de inteligencia social, de inteligencia emocional, motora o musical; como lo hacen las teorías de inteligencias múltiples, más allá de sus detractores. Creo a esta definición bastante acertada para el caso. Si alguien puede decirnos ¿Cómo las células se multiplican? Y responder a ese problema, de tal manera que nos satisfaga su explicación, pues él es inteligente. Así también si alguien nos puede llevar desde Europa hasta Sudamérica, siguiendo las estrellas o otros rastro, es también inteligente. La conmensurabilidad de las inteligencias es un asunto que tampoco está en juego. Sin duda, un papel primordial la inteligencia lo juega la experiencia previa y el aprendizaje ¿Cómo arribaría el marino a un punto si no conociera sobre las estrellas o qué sería del biólogo si no supiera de las células o los tejidos, al menos de su existencia?

¿La lectura puede hacer a alguien más inteligente o más culto? Es ahora la interrogante a responder, tras haber dilucidado brevemente sobre qué es cultura e inteligencia. Daremos respuesta, entonces, al problema planteado inicialmente, o nos toparemos y caeremos de bruces con la imposibilidad de responderlo. Podrías ser un buen inicio cuestionarnos sucintamente sobre qué es la lectura. Esta como actividad refiere al hecho de decodificar símbolos, estos símbolos, o el conjunto de ellos, refieren a palabras o conceptos que están en el lenguaje de quien los descifra. Se debe por ello conocer el código y el lenguaje al que hacen referencia, hago equivalentes lengua y lenguaje en oposición a los lingüistas de enfoque biológico y sin que ello deba causar mayor problema o controversia. Por lo tanto, la lectura desde esta perspectiva es una simple técnica, que no requiere de potencial y que puede ser dominada y perfeccionada. El que sea técnico algo no quiere decir que le reste o aumente valor, sólo la coloco en una categoría determinada. Ahora bien, la lectura como técnica se convierte en un medio para cumplir un fin, en este caso, recoger la información codificada que el autor intentaba transmitir. Si es posible realmente saber qué quiso decir el autor, o si se puede saber fuera de nuestras propias experiencias e interpretaciones lo que el escrito dice realmente, no afecta la afirmación en este caso. Podemos aceptar fácilmente que lo que decodificamos es lo que creemos que el autor dijo, tamizado por nuestra propia historia y nuestro ser social, y nunca lo que realmente dijo; o si se quiere, como contraparte a lo dicho, podemos decir que logramos saber el en sí del texto.

Si el “ser culto” refiere al dominio amplio y profundo de información, podemos hallar en la lectura un medio fantástico de acumular información, puede haber explicaciones previas en libros, en artículos, en ensayos que ya hayan versado sobre el tema que deseamos tratar, que al momento del decurso explicativo del mismo o al abordarlo sean relevantes, iluminadores y hasta decisivos. Sin embargo, pediré al lector que imagine la siguiente situación; dos personas conversan y una le pregunta al otro sobre cómo los delfines se alimentan, él nos comience a hablar de los hábitos en el nado de los delfines, luego de sus lugares predilectos para parir a sus crías, de los depredadores potenciales de las mismas y del desafío ecológico que significa el quebrantar la cadena trófica cuando existe matanza de delfines. Luego se le vuelve a preguntar qué opina de la relación entre Kant y los Derechos Humanos, y él da una buena y sólida explicación del noúmeno y el fenómeno en Kant, que nos hable de su estética, que hablé de los juicios a priori y a posteriori, de los sintéticos y analíticos y de las críticas de Rudolph Carnap a sus definiciones. La cultura del individuo sería indiscutible, tal vez, es amplia y profunda, pero la inteligencia es nula. No ha respondido ninguna de las interrogantes de manera satisfactoria. Puede citar sus fuentes y todos los libros que desee, pero la inteligencia que le atribuiríamos no se alteraría, seguiría siendo cero. Por último, cabe preguntarse si sería considerado realmente culto si es en tal grado infértil para responder un problema que se le plantea.

La situación expuesta es extrema e irreal, seguramente, pero nos lleva a aceptar que una persona simplemente culta, o más bien culta según la primera definición que hemos dada, es improductiva e infértil, y esta improductividad nos lleva hasta a cuestionar su propio “ser culto”. Podríamos decir que, entonces, el “ser culto” incluye el ser inteligente y no solamente el conocimiento amplio y profundo. Si hemos aceptado a “ser culto” como un modo de prestigio social, y si aceptamos que recurriríamos a una persona culta para resolver un problema, el personaje ficticio presentado no poseería tal prestigio, no sería culto; pues el “ser culto” y la inteligencia estarían íntimamente ligados. Hemos definido arriba estáticamente ambos términos pero nos topamos con que existe inclusión, que la definición previa es insuficiente. Si alguien defiende aún que el “ser-culto” no requiere de inteligencia, sino de la simple acumulación de datos, entonces aceptará que las computadoras son extremadamente cultas, al igual que las enciclopedias.

Hemos privilegiado a la lectura como un buen medio para acumular conocimiento. Es difícil negar a la afirmación precedente, la lectura es sin dudas un medio extremadamente eficiente, pero no es por ello el único, ni tampoco tiene que ser el mejor. La práctica y la conversación son sin duda otros medios fantásticos; puedo haber leído mucho sobre la construcción de paredes, pero no es hasta que construyo una pared que realmente conozco cómo construirla y que mi experiencia se hace sólida, seguramente la lectura me facilitará el conocimiento de otros constructores e ingenieros, por ello, tal vez, mi pared será más solida; pero debo construirla, eso es innegable, para aprender a hacer una buena pared. Podemos aceptar, también, que existan quienes por únicamente práctica podrían dar explicaciones profundas. Pero lo dicho nos aleja del tema, no hemos planteado la pregunta de tal forma que buscáramos averiguar si la lectura es la mejor forma de acumular datos, información o conocimiento de cualquier índole, sino de si el hecho de leer es el que te hace culto e inteligente, que podríamos reducir; ante la ligazón planteada entre inteligencia y “cultura”; si la lectura te hace “ser culto”, incluyendo en esto el ser inteligente. Quedamos en que la lectura es una potente arma de recolección de conocimiento con lo cual una primera parte del “ser-culto” queda copada. La inteligencia, por su parte, necesita también de experiencia previa y en el leer podemos encontrar esa experiencia previa, que no es nuestra, pero que puede ayudarnos a resolver un problema sin dudas. Es previa en tanto que antes de la aparición del problema ya poseemos el conocimiento, o la experiencia.

Ahora bien, líneas arriba usamos el ejemplo de un personaje que no era capaz de seleccionar la información pertinente y relevante y que por ello nunca daba respuesta a la pregunta; habíamos calificado a tal persona como no inteligente de acuerdo a nuestra definición. Notamos, entonces, que si bien hay una inclusión de la inteligencia en el “ser culto”, no es menester el “ser culto” para ser inteligente. La inteligencia no sólo requiere de acumulación de experiencia previa, es menester la adecuada selección del conjunto de conocimientos que poseemos. Esta habilidad podría ser llamada crítica, pero no por el sentido actual que le concedemos a la palabra, sino acercándonos un poco más al sentido griego de la misma. Krinein, de proviene nuestra palabra crítica, en griego se aproximaba a diferenciar lo que es de lo que no es, estaba incluido el proceso de duda y de decisión que esa actividad requiere; es por ello que Kant se consideraba crítico, y que al esbozar su famosa Crítica a la Razón Pura desease delimitar a qué podía llegar la racionalidad pura o teórica, cuál era su campo y cuál no, en sus demás críticas era el mismo objeto que lo guiaba. Queda saber si esta habilidad crítica es adquirida por la lectura o acumulación de datos o si no deviene de ella. La información que tengamos es indispensable para el logro de una actividad crítica, no se puede ser crítico si no hay que criticar. Pero esta información puede ser útil provenga de donde provenga, por lo cual la lectura no es un medio único, y tendríamos que preguntarnos si esta habilidad podría venir de la conversación o de la práctica misma también. Cabría la posibilidad de aceptar que esta criticidad es también innata, que hay quienes nacen con ella y quienes no, o que esta habilidad la poseemos todos naturalmente.

Dijimos arriba que cómo se justifica una respuesta es una decisión social, ello nos dirige a aceptar que la información relevante, que críticamente elegiremos y cómo la presentaremos a nuestro interlocutor, es también producto de la formación social, de nuestra educación; quienes hayan sido formados socialmente de tal manera que sepan cómo y qué información usar serán inteligentes. No sería considerada inteligente una máquina de acumulación de datos, sino aquel que sepa qué hacer con esos datos, sin necesariamente importar la cantidad. En ese sentido la criticidad es producto de la socialización, de la escuela, de los medios por los que nos imbuimos en la sociedad; son estos quienes establecen los parámetros de selectividad y correcto sustento de la información. La criticidad es aprendida de modelos sociales, de los agentes de socialización del individuo, de los medios, de la familia, de la escuela. Se aprende a ser crítico modelando a la persona a satisfacer ciertos estándares al momento de explicar algo o de resolver un problema. Si creo que para tener una buena pesca existen ciertos ritos que he de cumplir, estoy pescando y no he logrado capturar ningún pez, seré inteligente si conozco los ritos, selecciono el adecuado, y lo aplico, de modo tal que mi pesca sea productiva. Ello es también inteligencia, y acá se ve claramente la razón del ser social de la criticidad.

La lectura no es un medio infértil, y creo que en eso he hecho suficiente énfasis, es un gran medio, pero he hecho hincapié en su ser medio también. El objeto de la decodificación de conocimiento en la lectura está en responderse una pregunta. Esta pregunta puede ser extremadamente personal tal vez, y se busque hallar en lo que otros dicen, siquiera, una tentativa de respuesta. Se le da mucha importancia a la lectura, y sin duda no es inútil, pero muy poca al para qué de la lectura. Quién genera la curiosidad en la persona a querer saber ¿Es esto enseñable? Pues creo que sí. Debemos educar a personas no sólo críticas, sino que sean capaces de acumular la información, pero que además tenga el gusto de hacerlo. El gusto se desarrolla en tanto que esta práctica les retribuya algo, en este caso el responderse una pregunta. Se tienen que formar personas curiosas, que encuentren en el conocimiento algo útil y no que deban aprender por medio de la coacción de un profesor, no personas que deban aprender por que sí, sino que aprendan porque lo deseen, ello podrá generar que la gente acumule más conocimiento sin dudas. Es la curiosidad y el disfrute del aprendizaje, sumado al desarrollo de la criticidad lo que realmente permitirá que alguien sea culto. El que alguien lea o no lea no lo hace realmente culto, esa es una mirada somera y superficial, es el desarrollo de las anteriores habilidades lo que lo permitirá. Además, para la inteligencia es sólo necesario el desarrollo de la criticidad y curiosidad, sumado a un bagaje de cualquier tamaño de conocimientos previos; pero si se es además culto, la inteligencia se puede potenciar al tener un mayor bagaje de conocimientos previos.

He presentado de cierta manera la razón por la cuál creo que la lectura no te hace ser más culto o inteligente. Dije al iniciar que la lectura es una fantástica posibilidad de expansión del “ser culto” y de la inteligencia y lo sostengo aún, es una forma de potenciar ambas cualidades. La lectura es un muy buen medio, tal vez el mejor eso quedará a examinar, de acumular conocimientos, no el único por ello. Necesitamos de experiencia previa, de conocimiento, correcto, pero necesitamos haber desarrollado la habilidad crítica, la posibilidad de seleccionar información relevante para respondernos a preguntas. Sobre ello se encuentra algo más importante, debemos enseñar a desarrollar la curiosidad por respondernos y elaborarnos preguntas. Las respuestas que daremos a otras personas, que nos darán el, para algunos, ansiado “caché” de ser cultos, serán basadas en la investigación y en la acumulación de información que hayamos hecho para responder a nuestras propias interrogantes; si alguien no se plantea preguntas, no busca respuesta, entonces no lee, no investiga, ni se hace culto, ni potencia su inteligencia. Sería el tema de un nuevo ensayo el cuestionarnos acerca de la habilidad crítica, de la curiosidad, del deseo de respondernos preguntas. Creo que todo el mundo se hace preguntas, el problema es que no todos se las responden, ni tienen el ánimo de respondérselas. Sólo abro más preguntas con este ensayo, el cómo educar estas habilidades o cualidades son temas a tratar, pero que por no venir al caso no tocaré y además porque mis respuestas son excesivamente torpes o inexistentes para tentar responderlas. No he desafiado, ni he demolido a la lectura, pero espero que no haya sido, por ello, trivial.

Este es un modesto llamado de atención para tomar conciencia de que la lectura no es el fin que debemos alentar, sino que hay raíces para este conflicto que debemos subsanar antes. Debemos preocuparnos por formar más personas inteligentes, más críticas, más curiosas; antes que preocuparnos por ese otro lado, que refiere más al “ser culto”, del acumular conocimiento en gran cantidad, eso será en todo caso un resultado. Podemos encontrar que tal vez, el “ser culto” no es realmente algo primordial en nuestras vidas, que la educación debe ser algo más útil y aplicable. Creo yo firmemente, por ello, que es más importante desarrollar la inteligencia, que será la que nos lleve a enfrentar los problemas que en el devenir de nuestra existencia iremos afrontando. Dejo claro que creo que la lectura debe ser incentivada, pues al tener la costumbre en occidente de registrar tanta información escrita, el no saber leer es complicarle a la gente las cosas y su curiosidad puede tener más límites para ser satisfecha, debemos educar, entonces, personas que manejen esa técnica y que lo hagan bien. Esto, espero, sea también un pequeño llamado a reflexionar sobre nuestra educación, ver si estamos enfocando bien nuestras miras en qué queremos que las nuevas personas aprendan y en cómo educarlas.
JOAN CARAVEDO DURÁN

7 comentarios:

_Dr_G_ dijo...

Culto yo? que va. Pero resumiendo, leyendo se amplía, pero es el raciocinio lo que hace la diferencia. Conozco gente, mucha gente que ha leído mucho mas que yo pero su interpretación del mundo es muy cerrada y escasa.

Leche materna (alimentación), y padres amorosos garantizan mucho. Saludos y muy interesante post, estamos de acuerdo un buena parte.

Daphne dijo...

Yo creo que leer es simplemente un empujoncito a curiosear, ya depende de uno cómo lo maneje.

Saludos!
Buen post!

Falete dijo...

Yo creo que para ser inteligente, primero se tiene que ser culto. Hay que saber para conocer (y razonar). Pero te apoyo totalmente: no todo es lectura. Si uno se pega la vida leyendo en su sofá sobre Trotsky pero no va a Rusia, o no sale directamente de su casa, obviamente tendrá conocimientos más limitados.
saludos.

Juan Sepúlveda dijo...

que pocos comentarios hay para el pedazo articulo!
tendras que hacer mas marketing

Joan Caravedo dijo...

Lo del marketing sin lugar a dudas es difícil de manejar en este universo de blogs, veré como me agencio algunos lectores y gracias por el post.

Christian M. dijo...

"(...) La única clave para la comprensión de la Verdad es el poder de percibirla, pues la
verdad se enseña por sí misma ― no por la luz de la argumentación ― sino por su propia luz, y nada enseña más que a sí misma.
Todo lo que la lectura de los libros es capaz de hacer es ayudarnos a traer a nuestro entendimiento la verdad que existe en nosotros, y a disipar las nubes de conceptos erróneos que nos impidieren conocernos a nosotros mismos.
Nada hay que impida al hombre elevarse a las más altas regiones del pensamiento donde existe la luz de la verdad, excepto su apego a las opiniones erróneas; no hay modo de ahuyentar a la Obscuridad sino por la difusión de la Luz."
FRANZ HARTMANN

¡Oh Eterna, Autoexistente Causa de toda existencia!.
¡Fuente de Amor y de Luz!. ¡Tú, Dios universal increado,
En quien todas las cosas existen y tienen su ser!.
¡Tú que en todas las cosas vives y todas cosas en Ti!
¡Infinito eres, inconcebible, incomprensible para la finita inteligencia,
Incognoscible para todos excepto para Ti mismo!.
¡Nada existe sino Tú, y nada hay en que no existe algún Bien!.
Tú eres, mas nosotros parecemos ser, pues son vaciedades
Las formas si en ellas no estás Tú; son Tú mismo manifestado.
Dirigiéndonos a Ti pecamos porque mentalmente nosotros,
¡Ay! nos separamos de Ti que eres nuestro verdadero Yo;
Pues nosotros nada somos, sino somos “Tú” y Tú “nosotros”.
No tenemos vida sino la Tuya; ni tenemos amor
O fuerza, ni voluntad o pensamiento, excepto los Tuyos.
Tú eres nuestra vida, nuestra voluntad, nuestra mente, todo.
En Ti estamos y Tú en nosotros. Tú eres el “Padre”, y en nosotros
Tú mismo eres el “Hijo”. Tú Santo Espíritu llena de gloria
El universo e impregna con Tu poder la naturaleza
Haciéndola producir animadas formas de plantas y árboles,
De animales y de hombres. Fecunda al alma humana y da luz
Al “Cristo”, al Salvador del Hombre, llamado el divino Atma
O el Señor excelso, el “Maestro”, el que da la inmortalidad
A todo aquel en quien se manifiesta su sagrada presencia.
Si en el corazón del hombre El despierta a la conciencia propia
De su existencia, no habrá ya muerte porque es perfecto, y entonces
Ningún cambio necesita. Así Cristo es Dios manifestado
En el Hombre como hombre y así nadie puede a Dios llegar,
Sino por El, porque El mismo es Dios en el hombre, y el que a su Dios
Se esfuerza en encontrar, en su santo templo le debe buscar,
Dentro de sí mismo, en Espíritu y en Verdad. Al El, el Cristo.
Al Dios en el hombre oramos nosotros, no a dioses externos
Ni a los espíritus de la Luz Astral; y orando con gran fervor
Cumplimos nuestras preces porque cuando hasta El nos elevamos
Franz Hartmann – Vida de Jehoshua
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Somos El mismo, y concedemos aquello que Le pedimos.
Nadie a Dios conoce; es el Dios en el hombre el que a Sí mismo
En el se conoce y le eleva al concepto de lo que es divino
En su propia naturaleza. Elevándonos hasta El nosotros
Llegamos a Dios por Cristo, el Camino, llegamos por Dios
Al Hombre y a toda la naturaleza en su Santo Espíritu.

TOMADO DEL PRÓLOGO Y DEDICATORIA DEL LIBRO "Vida de Jehoshua, el profeta de Nazaret: estudio oculto y clave de la Biblia, conteniendo la historia de un iniciado" FRANZ HARTMANN

Anónimo dijo...

Vivan la vida, y no se preocupen por si son inteligentes, si no utilizaran el 50% de sus vidas preguntandose si lo son, y a la final no utilizaron la inteligencia para lo que se debe utilizar... Vivir bien, por un bien.